Nacionalidad villera

Esta noche a las 22.30 el canal Encuentro transmitirá la tercera entrega de Nacionalidad villera, ciclo documental de trece capítulos que conduce Julio Zarza, poblador de la Villa 21-24, ubicada en el barrio de Barracas de la Ciudad de Buenos Aires. Bruno Stagnaro (el mismo que adaptó Nueve reinas a Impostores) dirige este programa que se propone dar a conocer la visión de quienes habitan estos asentamientos demonizados por los medios y la opinión pública.

El segundo episodio fue especialmente conmovedor porque el conductor evocó recuerdos de infancia junto con sus vecinos y compañeros de escuela. Entre las anécdotas reveladas, Zarza mostró cómo él y sus amigos armaban barriletes con bolsas de plástico y retazos de tela de alguna prenda vieja. Los niños devenidos adultos también le rindieron homenaje a un viejo depósito que hizo las veces de parque de diversiones, y que una de las tantas crisis clausuró.

Stagnaro evita dos grandes riesgos. Por un lado, el de filmar un panfleto o alegato en contra de la estigmatización que condena a los villeros. Por otro lado, el de ejercer una discriminación positiva, conducta que pretende combatir los perjuicios de la exclusión a partir del reemplazo de estereotipos negativos por estereotipos reparadores/reivindicadores.

El jueves pasado, Julio se refirió a los cambios que su barrio enfrentó en los últimos veinte años y que generaron situaciones de violencia e inseguridad antes desconocidas. La delincuencia -de la que las clases acomodadas se sienten víctimas exclusivas- aparece como un fenómeno social complejo y por lo tanto irreductible al salvajismo de negros resentidos.  

Según la presentación de canal Encuentro, Nacionalidad villera recorrerá la historia de la villa «desde sus orígenes en la década de los cincuenta (…) hasta la explosión demográfica y la multiplicación de viviendas que se experimentó en los noventa, y que continúa hasta la actualidad». Si no lo hubieran matado, seguro Adams Ledesma habría seguido de cerca esta propuesta.