El infierno amarillo de los mineros

Por Jorge Gómez
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Cuando un periodista del diario español El País le solicita una entrevista, la esposa de uno de los 33 mineros chilenos rescatados le contesta: «¿cuánto dinero me ofrece? ¿Nada? Entonces no puedo seguir perdiendo el tiempo con usted. Tengo muchas llamadas»… La anécdota ilustra los ingenuos esfuerzos que hacen las familias de estos trabajadores para resistir la formidable presión mediática que en las próximas semanas se incrementará con el acoso de centenares de periodistas de todo el mundo sin piedad ni principios.

Los medios de comunicación ejercerán una agresión tal vez más compleja y grave que la provocada por el propio derrumbe. Aprovecharán la condición humilde de estas familias y la falta de protección jurídica que las hace vulnerables para difundir rumores y especulaciones, y para tratar a los mineros como estrellas de rock o enfermos mentales según convenga.

Los protagonistas del milagro serán alcohólicos, bígamos, líderes naturales, agentes de violencia doméstica, padres ejemplares, mensajeros divinos, candidatos políticos, drogadictos, nuevos ricos, miserables, actores de televisión o lo que el sistema necesite de ellos… Hasta que no sirvan más.

Podemos desear que este análisis sea pesimista, y que en los próximos meses los mineros salvados eviten el infierno mediático. Sin embargo, parece que en las actuales condiciones –ante un caso como el de «los 33″– la prensa mundial no puede hacer otra cosa que teñirlo todo de amarillo.