Copyright en Internet. Sobre la apropiación lucrativa de contenido ajeno

Aunque data de 2007 (tres años es mucho tiempo para la vorágine online), este artículo sobre propiedad intelectual en Internet mantiene una indiscutible pertinencia. Las observaciones publicadas no caducan por mérito del autor, y porque la Web -que siempre cambia/innova/mejora- avanza poco a favor del copyright (de hecho, admite nuevos fenómenos que confirman el estancamiento).

Entre estas novedades, sobresale la apropiación de contenido ajeno con fines de lucro. Técnicamente la práctica se distingue del plagio porque suele mencionar fuentes, y de la reedición apócrifa porque no adultera el texto original. La innovación consiste en republicar posts elaborados por terceros en un espacio montado para generar ingresos mediante publicidad.

La calidad de estos emprendimientos varía. Algunos cuentan con un diseño muy atractivo, y sus responsables se contactan con los autores pre-seleccionados para solicitarles autorización de reproducción. Este cuidado por las formas (estéticas y de RR.PP) consigue bajar los niveles de resistencia de quienes blogueamos por amor al arte, y porque nos gusta que nos lean*.

En Argentina, la revista Oblogo es uno de los proyectos más osados en este sentido. Además de tener presencia en la Web, sus responsables distribuyen en forma gratuita una edición impresa.

Otros emprendimientos cuidan menos las formas. Se nota en sus diseños más precarios, en la apropiación inconsulta de posts (los autores nos enteramos gracias a las huellas del trackback), y en una mención rápida de las fuentes (en general, les basta con especificar la URL del texto original)**.

Esta nueva práctica supone un acuerdo tácito -a veces unilateral- que cabe en la siguiente frase: «no comparto los ingresos publicitarios con vos porque te hago el favor de difundir tus textos sin pedir nada a cambio»***. Sus ideólogos y ejecutores atentan contra la propiedad intelectual, no porque la ignoren sino porque usufructúan alegremente del trabajo ajeno.

En este caso, la desprotección de los derechos de autor en Internet nos convierte a ciertos bloggers en escribas sin contrato ni dignos de percibir un sueldo u honorarios. Aún cuando rechacemos invitaciones y convocatorias, aún cuando nos respalde esta licencia de Creative Commons, alguien siempre se sentirá libre de actualizar su propio espacio web con nuestros posts, y a lucrar con un trabajo despojado de toda intención comercial (y si no lucramos nosotros, ¿por qué habrían de lucrar otros?). 

En los albores de la blogósfera, sus impulsores fantasearon con un sistema de publicación/circulación de contenido que escapara a las exigencias y vicios editoriales y económicos de los medios tradicionales. El tiempo pasa y lo que empezó como un proyecto prometedor corre cada vez más riesgos de convertirse en el recuerdo trasnochado de lo que nunca fue. 

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* Nobleza obliga, quien suscribe dio el visto bueno para que Paperlog y Pateando Piedras repliquen contenido de Espectadores.

** A este grupo pertencen Veo.tv y Cinemascope. Ambos sitios ¿españoles? refritan (muchas) reseñas cinematográficas de Espectadores sin el consentimiento de quien suscribe.

*** No es exactamente lo mismo porque los muchachos de WordPress.com realmente ofrecen un buen servicio gratuito (de hosting y mantenimiento). Pero bien vale señalar que WP también se siente libre de incorporar publicidad a las bitácoras (con perfil redituable) que aloja en sus servidores, y de no compartir los ingresos con los autores pre-seleccionados.

Los bloggers que deseen evitar esta intromisión deben pagar un abono anual de 30 dólares, monto que la mayoría de los clientes podemos solventar y que incluso consideramos justo dada la calidad del servicio que usamos. Lo que sí es un tanto reprochable es que WP no avise cuando nuestras bitácoras integran la lista digna de lucro publicitario: en general tardamos tiempo en darnos cuenta de que, otra vez, nuestro trabajo es fuente de ingresos para terceros.