La mentira original

La mentira original corre serios riesgos de dislusionar a los admiradores de Ricky Gervais o, mejor dicho, a los fans de The office (versión original) y Extras. Da la sensación de que el comediante inglés escribió su primera película -aquí recién estrenada en DVD- en función del gusto norteamericano, menos afecto a la ironía british que a las historias con final feliz y moraleja. El resultado es apenas una variante de otra fábula (típica hollywoodense) sobre engaño y verdad.

En Mentiroso, mentiroso, Jim Carrey encarna a un abogado inescrupuloso cuyo pequeño hijo lo castiga con el hechizo de decir «the truth and nothing but the truth». La mentira desaparece durante 24 horas, tiempo suficiente para reconciliar al protagonista con su profesión y su familia.

Doce años después, The invention of lying propone un mundo igual al nuestro, al menos con las mismas desigualdades y miserias. La gran diferencia radica en que sus habitantes nunca faltan a la verdad ni reconocen la mentira. Para acentuar la idea, las criaturas de Gervais -incluido su Mark Bellison- no saben siquiera ocultar pensamientos.

El sincericidio es quizás el primer subrayado de un guión que busca explicitar las intenciones de crítica irreverente. A una sociedad individualista que premia la estética (Rob Lowe y Jennifer Garner encarnan la versión mala-buena de este vicio). Al invento de un dios y una religión como engaños mayores, padre y madre de varias desgracias humanas.

En La mentira original nos topamos con escenas que el propio Gervais habría parodiado en Extras. Por ejemplo, aquélla en la que Mark reconforta a su madre moribunda y luego llora el deceso inevitable.

La participación de actores conocidos (Philip Seymour Hoffman, Edward Norton, Jason Bateman, Jonah Hill además de Garner y Lowe) y del mismísimo Stephen Merchant (co-guionista de The office y Extras, y encarnación del representante de Andy Millman) no sólo deja de ser ocurrente. Tampoco alcanza para compensar los lugares comunes de una fábula demagógica.  

A diferencia de Benny Hill, Gervais abandona las cualidades del humor británico para complacer a los espectadores de su país de adopción. Así, un poco como Kenneth Branagh, Anthony Hopkins y Tim Roth, Ricky se convierte en otro inglés al servicio de Hollywoodland.