Arte y cultura en cárceles (de Francia)

«Prisión: la última tendencia de moda» es el título del post que un blogger francés le dedica a la actividad solidaria de personalidades de la cultura gala para con la población carcelaria. A continuación, transcribimos la traducción de un texto susceptible de escandalizar a Susana Giménez, Cacho Castaña y demás estrellas vernáculas que exigen mano dura para combatir violencia (vaya paradoja), delito e inseguridad. 

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Hace rato dejamos de contar la cantidad de músicos, actores, escritores que se dan una vuelta por las penitenciarías. De hecho, éste es el último charity-business de moda.

Si mal no recuerdo, la prisión de Rennes fue la primera en recibir favorablemente este tipo de iniciativas y en abrir sus puertas a la Federación de Obras Laicas, que había propuesto estos encuentros culturales y artísticos de naturaleza tan particular. Sucedió hace diez años: un curso de teatro vio la luz; directores y actores asistieron a la proyección de sus películas; después les llegó el turno a los talleres de poesía y escritura.

Los encuentros realizados en 2002 en la Villete sirvieron de marco para constituir un equipo de personas destinadas a estudiar el día a día de un detenido. La misión principal consistía en determinar los espacios asignados al trabajo, la educación y la cultura, y los medios necesarios para equilibrarlos.

Todos los actores de la vida en prisión estuvieron presentes: trabajadores sociales, docentes, artistas, la Dirección Regional de Protección Judicial de la Juventud, magistrados, una Delegación para el Desarrollo y la Acción Territorial del Ministerio de Cultura. Sólo el de Justicia pegó el faltazo a último momento.

En estas mesas redondas, se decidió la creación de un observatorio de prácticas y de la difusión cultural en el ámbito carcelario con el fin de volver a censar las actividades realizadas por los reclusos. Se buscó establecer una cartografía nacional de los establecimientos y del rol que allí tiene la cultura.

Las fórmulas todavía eran tradicionales en ese entonces. Se inscribían en las tareas de reinserción social. Por ejemplo, de los presos que efectuaban trabajos de interés general, o de aquéllos que retomaban sus estudios académicos.

Las cosas se aceleraron un poco en este último tiempo. Para quienes no lo saben, la señora Carla Bruni Sarkozy encabeza una fundación epónima muy bien montada. Allí las conversaciones no se limitan a los encuentros amistosos entre esposas de jefes de Estado ni a las revelaciones artísticas de la Fundación Lancôme (aún cuando éste sea tema obligado).

A vuela de página web, nos sorprende que a nuestra Primera Dama también le interesen (o parezcan interesarle) la vida en las cárceles. De hecho, su sitio les dedica un dossier y ella misma invitó en representación de su fundación a una artista plástica para que anime unas treinta horas de taller de escultura en un centro de arresto para mujeres de Versailles (esta entrevista da cuenta de la experiencia).

Este verano boreal, Yannick Noah se prende a la movida con una serie de conciertos en prisión que, sin dudas para provocar, llamó «Le Carcéral Tour«. El primer concierto tuvo lugar el 19 de julio; los siete restantes lo llevaron de la Central de Poissy a la de Bapaume cerca de Lille, pasando por Les Baumettes.

En este artículo sobre la experiencia en Poissy, el diario Le Parisien describió una atmósfera bastante cálida y de buena convivencia. Antes de ese recital, Sandrine Bonnaire ya había presentado su último film, y Grand Corps Malade e I Muvrini también tocaron/cantaron para los convictos.

La idea no es mala. Las prisiones encarnan un lugar oscuro, un espacio negado por nuestras sociedades industriales. Precisamente, la envergadura de este apartamiento se manifiesta en la carga simbólica que envuelve la percepción y representación del universo carcelario.

La prisión es sinónimo de exclusión y reclusión; también es emblema de toda disciplina elevada a su paroxismo. La cultura es siempre el mejor remedio contra la violencia y la consecuente aculturación.