Vincere

Ochenta años después de que Ida Dalser supiera de su Mussolini gracias a las noticias proyectadas en los cines italianos, los porteños nos enteramos de la existencia de esta amante del Duce gracias al largometraje que Marco Bellocchio estrenó en Buenos Aires el jueves pasado. Por lo visto, además de contar una tragedia desconocida (otra de las tantas que confirman la personalidad canalla del líder fascista), Vincere también se propone rendirle homenaje al Séptimo Arte.

El pianista que musicaliza una película muda sin que lo inmute una trifulca entre espectadores, la inconducta de los niños que saltan ante determinadas escenas, el recorte de manos que se alzan cuando Benito aparece en el noticiero, los rostros de la pareja protagónica iluminados por el haz que rebota en la pantalla grande, la conmoción de Ida cuando mira El pibe son algunos elementos que señalan la importancia del cine.

Cine como instrumento de propaganda cuando edita y promueve una realidad (aquí, el ascenso de Mussolini). Como sinónimo de archivo cuando las cámaras capturan hechos, discursos, personajes históricos (fragmentos que Bellocchio inserta en su narración). Como facilitador de ficciones que nos inspiran, nos representan, nos consuelan (como le sucede a Ida con el film de Chaplin). Como ejercicio de revelación y memoria (la anécdota de esta amante oculta nos invita a repasar la trayectoria de un hombre devenido en tirano).

Don Marco vuelve a distinguir las funciones del cine cuando se limita a recrear al Benito joven y anónimo (tarea que le encarga al magnético Filippo Timi). Para darle intervención al Mussolini conocido, basta el material de archivo.

Después de todo, aquí se trata de mostrar la versión previa del Duce: el pichón de tirano, la expresión primera e íntima de un régimen totalitario. En términos cinematográficos, Vincere podría ser la precuela de alguna biopic concentrada en el Benito consagrado, ya al mando del Estado italiano.

Como otros films con intenciones biográficas e históricas, éste también cumple con una función pedagógica. El drama de Ida y su hijo sintetiza/anticipa la tragedia que vivieron tantas otras víctimas de Mussolini. El sufrimiento de una mujer bella (Giovanna Mezzogiorno es ideal para el papel) conmueve a los espectadores, incluso a los menos interesados en la Historia.

Como otros films con intenciones biográficas e históricas, Vincere también corre el riesgo de reducir el fenómeno del fascismo/nazismo/stalinismo/ franquismo a la megalomanía y perversión de una sola persona.