Mal día para pescar

Es una pena que Mal día para pescar sólo haya cruzado el charco para participar del Festival de Mar del Plata en noviembre pasado. Aunque difícilmente reviente taquillas (probablemente no pretenda hacerlo), la película uruguaya merece un lugar en nuestra cartelera porque permitiría descubrir al (prometedor) director Álvaro Brechner, porque le rinde homenaje al escritor Juan Carlos Onetti (cabe señalar que ésta es una adaptación del cuento Jacob y el otro), porque representa al buen cine yoruga que los argentinos sabemos apreciar.

Financiado con dinero español y protagonizado por actores de distintas nacionalidades (el escocés Gary Piquer, el finlandés Jouko Ahola, la ítalo-argentina Antonella Costa y el «oriental» César Troncoso), este film evita las taras de la globalización, sobre todo aquéllas idiomáticas… Por lo pronto, sus personajes hablan en castellano, inglés o alemán según circunstancias narrativas y no exigencias arbitrarias de la producción.

En cambio, sí vislumbramos cierta impronta universal a partir del retrato que Brechner le dedica al pueblo de Santa María. Sin llegar a ilustrar el dicho sobre comunidades chicas e infiernos grandes, el joven realizador propone un fresco que retoma algunos elementos típicos de los relatos ambientados en lugares donde el Diablo perdió el poncho, entre ellos, la conmoción que causa la llegada de un extranjero (cuánto más exótico, mayor es la repercusión), la importancia de ciertas personalidades e instituciones locales (el médico, el periódico, la iglesia, el bar o boliche), la moraleja sobre la sensatez popular que algunos confunden con candidez, ignorancia y/o necedad.

Aunque carece de las figuras del cowboy heróico, del sheriff justiciero y del villano irrecuperable, Mal día para pescar también comparte características del western. Por ejemplo, la trifulca del principio, la promoción del desafío que supone un duelo (los afiches que encarga Orsini se parecen a los famosos con la leyenda WANTED), el cruce de varios duelos con dinero de por medio (además del principal, están aquéllos que enfrentan al mencionado Príncipe con una mujer obsesionada por casarse y con el director del diario El Liberal), la condición justa/reparadora del final y la redención de los protagonistas.

En la propuesta de Brechner, todos son antihéroes, y éste es quizás el gancho más atractivo de una historia cuyo desenlace cuesta adivinar. Enternece especialmente el Jacob van Oppen que encarna Ahola y que por momentos nos recuerda al Randy The Ram Robinson que Mickey Rourke interpretó en 2008.

Mal día para pescar figura en la lista de películas que suelen venderse online. Los interesados no deben dudar en encargarla, a falta de distribuidores decididos a estrenarla en nuestro selecto circuito comercial.