The Pacific

A diferencia de lo que sucede en películas, series e historietas norteamericanas de los años ’40 y ’50, en The Pacific se respeta a los «japs«. A lo sumo, algunos personajes secundarísimos repiten líneas peyorativas difundidas por los guiones de aquel entretenimiento funcional a la causa bélica (después de todo, se trata de marines con el cerebro lavado). Los protagonistas, en cambio, reconocen las virtudes de un enemigo que las cámaras apenas muestran pero que una mezcla de (¿pseudo?) rigor histórico, libros testimoniales y corrección política exige reivindicar.

Los espectadores más cínicos también creemos que «dime cón quién te enfrentas y te diré quién eres» es uno de los leitmotivs de esta producción a cargo de Steven Spielberg y Tom Hanks. De hecho, suena más digna la pelea contra el ejército del Imperio del Sol Naciente que -si pensamos en el contexto actual- contra iraquíes y afganos harapientos.

Por otra parte, la intervención de los american boys en las islas del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial causa menos urticaria que la emprendida décadas después en Vietnam. La experiencia es incluso ideal porque ofrece espacio para la autocrítica, prueba de objetividad (por ejemplo para señalar el error de cálculo del General MacArthur con respecto a Peleliú, los desaciertos de Inteligencia Militar, la costumbre de extraer las incrustaciones de oro de la dentadura del enemigo muerto) y para el enaltecimiento de valores caros a los sobrinos del Tío Sam (en esta contienda el desempeño de la U.S Army no es tan vergonzoso como ante las milicias de Ho Chi Minh).

Aún con todos los reparos que generan la política exterior de los Estados Unidos y su manía de invadir, ocupar, «defender» territorios ajenos, The Pacific consigue que los televidentes más reacios sintamos compasión por estos sargentos, cabos, soldados rasos que batallaron contra Japón. Ayudan, en este sentido, las decisiones narrativas de 1) iniciar cada capítulo con el testimonio de ex combatientes ahora ancianos, 2) asignarle a cada protagonista una historia de amor (que encima queda trunca), 3) filmar la muerte de héroes con status protagónico (terrible, el destino de John Basilone).

Sin embargo, la empatía se quiebra en cuanto escuchamos frases infaltables en las producciones bélicas made in Hollywood. Por un lado, están las que subrayan el orgullo de pertenecer a una nación siempre a favor de la Libertad. Por el otro, aquéllas que definen a esta guerra como justa y necesaria.

Lo mejor de The Pacific es el esfuerzo de producción responsable de una muy buena reconstrucción de época, y de una impresionante ambientación dentro del campo de batalla (por momentos, podemos distinguir cada bala disparada, cada miembro mutilado). Tanta inversión en el aspecto visual disimula uno de los defectos más llamativos de esta serie que HBO emite desde abril: la escasez de referencias que sugieran/expliquen el interés de los Estados Unidos en esa parte del sudeste asiático.

Si bien algunos parlamentos mencionan el desembarco de marines en Italia y en Francia, esta propuesta parece absolutamente desconectada de la contienda en Europa (algunos objetarán que el mismo equipo, incluidos Spielberg y Hanks, abordó la Segunda Guerra Mundial en el viejo continente con la predecesora Band of brothers). También llama la atención que, al menos hasta el antepenúltimo capítulo, nada ni nadie aluda a las bombas atómicas, agentes imprescindibles de la victoria norteamericana.

Habrá que ver de qué manera Spielberg y Hanks presentan un desenlace difícilmente compatible con la intención de reivindicar a su audiencia compatriota a partir del raconto de una gesta heróica que -corrección histórica y política mediante- respeta a los malditos japs.