Os famosos e os duendes da morte

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Especial. Cobertura BAFICI 2010
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Os famosos e os duendes da morte propone un retrato de la adolescencia, o de un tipo de adolescente, alejada/o de la alegría brasileña. El parecido físico entre el protagonista sin nombre y Zachary Beaulieu, la personalidad taciturna de ambos personajes, la importancia que una leyenda del rock anglosajón tiene en sus vidas (Bob Dylan en el primero; David Bowie en el segundo), la impronta oníricia de sus experiencias invitan a trazar cierto paralelismo entre la película de Esmir Filho y C.R.A.Z.Y de Jean-Marc Vallée.

En el título aquí reseñado, el principal conflicto del jovencito en cuestión es enfrentar la muerte: la de su padre; la de la hermana de su mejor amigo; la del tiempo que pasó (sobre todo el de la infancia); la de un presente que agoniza en un pueblo perdido («el culo del mundo», protesta el susodicho); la de un primer amor que no pudo ser; la de los espíritus suicidas que en ese lugar suelen tirarse de un puente.

Mr. Tambourine man es el nombre que este estudiante e hijo único elige para darse a conocer en un mundo online donde se siente más seguro y también más libre. La recreación de su actividad blogger y sus conversaciones por chat completan el cuadro de una primera juventud insatisfecha y sufriente.

Por momentos, tanta introspección, tanta oscuridad, tanto fantasma, tanto verso posteado, escuchado, cantado parecen evocar la caricatura que Rep hizo de la adolescencia conflictuada con LuKas el dark. Pero al margen de ciertas insistencias narrativas y estéticas, el largometraje debut de este director paulista conmueve, quizás porque nos «conecta» íntimamente -valga la metáfora web- con miedos, nostalgias, deseos, fantasías, vergüenzas, penas que muchos sentimos en el difícil tránsito de la niñez a la supuesta madurez.