Séraphine

Aunque Yolande Moreau no es pariente de la gran Jeanne, la actriz belga es digna portadora de un apellido tan caro al cine francófono. Tal vez su rostro les resulte conocido a quienes vieron Las playas de AgnèsParis, je t’aime, La corporación y/o Amélie. Seguro quedará grabado en la memoria de los espectadores que asistan a la recién estrenada Séraphine.

La actuación protagónica no es la única virtud del film de Martin Provost. Sin dudas, el guión que el director escribió con Marc Abdelnour es el gran acierto de una propuesta que va más allá del género biográfico al que pertenece, y que nos enfrenta a la problemática del artista inconsciente de su potencial, tildado de inestable, desequilibrado o «anormal» (en el peor de los sentidos), y sometido a las dificultades de un contexto desfavorable.

Además de contar la historia de Séraphine Louis, más conocida como Séraphine de Senlis, esta co-producción europea invita a reflexionar sobre el aspecto más inasible, fortuito y también trágico del arte. De hecho, la vida de esta lavandera y empleada doméstica devenida en pintora autodidacta ilustra la teoría que equipara el talento a un don, a la gracia (¿divina?) que Salamanca es incapaz de prestar y que por momentos parece rayar con la locura.

La composición de Yolande abarca las distintas aristas de su personaje: la simplicidad campesina, la obsesión por las tinturas y los lienzos, los ataques de misticismo, el escepticismo respecto de su condición artística, la relación determinante con el marchand alemán Wilhelm Uhde (que, dicho sea de paso, interpreta Ulrich Tukur, el barón de La cinta blanca).

La fotografía de Laurent Brunet termina de completar el fresco de manera exquisita. Parecen verdaderos cuadros algunos planos de la protagonista, de su entorno, y de los paisajes de la campiña francesa.

Es posible que más de un espectador encuentre excesivas las dos horas que dura el film de Provost. Aunque válida, la objeción no ensombrece la indiscutible calidad técnica, estética y narrativa de un título que -por encima de todo- consagra a otra gran actriz de apellido Moreau.