Cuatro años, cuatro

Por M. Bertoni y J. Gómez.
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«Necesitamos menos críticos. Necesitamos disfrutar más».

Con este slogan cierra la publicidad de Coca-Cola (light), que la agencia Santo estrenó en TV ¿la primavera pasada? y que postula la incompatibilidad entre crítica y felicidad. 

Hoy la recordamos mientras pensamos en esa búsqueda de la buena vida que suprime el pensamiento, y que parece estar muy impuesta en nuestra sociedad. Una sociedad acostumbrada a elogiar la acción irreflexiva y a despreciar la filosofía, el análisis, el proyecto.

Los dirigentes políticos que definen sus campañas en espacios circenses se reconocen proclives a pactar acuerdos pre-ideológicos, o directamente se declaran prescindentes de cualquier sistema de ideas que los sustente. Ser pragmático vale más que tener ideología (un bajón, ¿para qué?).

Por su parte, nuestros comunicadores pretenden reflejar la realidad y captar el gusto de la gente sin ningún juicio previo que los condicione. Parece que a todos nosotros el pensamiento crítico nos aburre, nos complica, nos duerme.

Es posible que la incapacidad para dialogar y la intolerancia general de las que todos nos quejamos se relacionen con esta manera falsa y rústica de enfrentar situaciones complejas. Cuando abandonamos la costumbre de reflexionar y nos proponemos adorar y emular la improbable felicidad de las vacas que ven pasar el tren, nos resulta imposible comprender opiniones distintas a las nuestras, conocer las diferencias del otro y construir pensamientos novedosos, propuestas superadoras, puentes vinculantes.

Varias veces, Espectadores abordó estos temas, siempre nadando contra la corriente general que se avergüenza de exhibir y confrontar su pensamiento.

A quienes hacemos este blog, el comercial de Coca-Cola light con su alegato crudo, explícito, pedagógico nos recuerda nuestra condición de minoría. La evocación también nos sirve de excusa para volver a abogar por la conveniencia de adoptar una mirada crítica sobre todas las cosas (los avisos de televisión entre ellas), de tener ideología, de compartirla y discutirla.

Por todo esto, aprovechamos nuestro cuarto cumpleaños para celebrar la convicción de que, para ser felices, no hace falta dejar de pensar.