34 años después

Hoy, 34 años después, impresiona la cantidad de concurrentes a la Plaza de Mayo para conmemorar el golpe de Estado que las Fuerzas Armadas comandaron el 24 de marzo de 1976. También impresiona que la convocatoria haya servido de excusa para replicar consignas ajenas a la intención de memoria, recogimiento, repudio: desde aquéllas a favor del Gobierno actual hasta las proclamas en contra (del pago de la deuda, de la inflación, de los despidos), pasando por la reivindicación de los derechos homosexuales y por los reclamos territoriales de los pueblos originarios.

Quienes asistimos a otras marchas menos numerosas celebramos esta expresión de conciencia colectiva que actualiza/renueva la promesa de aquel desgarrador «nunca más» vociferado, publicado, difundido hace casi 27 años.

En especial celebramos la asistencia espontánea de ciudadanos que prescinden de banderas y pancartas políticas. Podríamos preguntarnos, en este punto, si son realmente necesarias identificaciones suplementarias a la de nuestra condición de argentinos comprometidos con la continuidad de la democracia y el respeto por los derechos humanos.

La pregunta cobra importancia cuando, en pleno acto, asistimos al enfrentamiento entre cristinistas incondicionales y miembros del Partido Obrero. «Funcionales» les gritaron lo primeros a los segundos, entre insultos y gestos obscenos, en alusión al apoyo que este sector de la izquierda les brindó a los señores del campo cuando el conflicto de 2008.

La experiencia lamentable revela nuestra incapacidad para alcanzar la madurez cívica y, en este caso preciso, para respetar la intención de memoria, recogimiento y repudio que muchos quisimos reivindicar/sostener hoy 24 de marzo de 2010…

… 34 años después.