Sólo para parejas

La vorágine previa a la entrega de los Oscar por un lado y el desembarco de las muy esperadas Un hombre serio y El imaginario mundo del doctor Parnassus por el otro justifican la decisión de postergar una semana el estreno local de Sólo para parejas, previsto para este último jueves de febrero. De todos modos, la reprogramación es en vano porque cualquier contexto resultará desfavorable para la comedia escrita y protagonizada por Jon Favreau (el filito millonario de Mónica) y Vince Vaughn. Es que el problema de esta película no son las circunstancias de su lanzamiento, sino su guión bobalicón.

Da la sensación de que Vaughn quiere redimirse en este último tiempo. Por lo pronto, ha dejado atrás el rol de rompebodas y/o de egocéntrico incómodo con la convivencia para encarnar a personajes correctos. Por ejemplo aquel hermano dispuesto a ayudar al mismímo Papá Noel y, en el film que nos ocupa, un esposo comprometido con su proyecto de familia.

De las cuatro parejas que protagonizan la historia, la que componen Vince y Malin Akerman es la más sólida, el modelo a seguir. Curiosamente la mencionada actriz también parece haber cambiado de registro: en general convocada para interpretar a señoritas histéricas y tiranuelas (fue hermana narcisita y desconsiderada en 27 bodas y novia ultra neurótica al principio solapada en La mujer de mis pesadillas), en esta ocasión interpreta a Ronnie, la esposa más enamorada y centrada.

El guión pergeñado por Favreau y Vaughn y dirigido por Peter Billingsley nos invita a asistir a dos semanas de terapia que cuatro matrimonios amigos emprenden en una isla paradisíaca del Pacífico. Desde el momento en que los pacientes llegan, todo es absolutamente previsible: la revelación de un Edén (así se llama el resort) poco placentero; la transformación de un espacio abierto en un ámbito claustrofóbico propicio para que la crisis estalle; la intervención de especialistas medio (o del todo) chantas; la reconciliación final de estos hombres y mujeres superados por las exigencias de la vida cotidiana.

Incluso episodios puntuales como el de los tiburones son cantados.   

Si cuesta digerir las malas actuaciones de Vaughn, Favreau, Akerman y Jason Bateman, las de Faizon Love, Kristen Bell y Kristin Charlotte Davis son directamente insoportables. Dicho esto, la peor experiencia es descubrir al francés Jean Reno y al neocelandés Temuera Morrison (el gran actor de El amor y la furia o Once were warriors) convertidos en maquietas.

A lo sumo, John Michael Higgins logra salir airoso del papelón generalizado, y la aparición ¡del cantante portorriqueño Carlos Ponce! es la única sorpresa de una comedia fallida, por donde se la mire… y se estrene cuando se estrene.