Alguien que me quiera

Pasó menos de un mes desde su estreno, y Alguien que me quiera parece haber copado el segundo lugar del rating que lidera Valientes según el sitio Television.com.ar. La lógica más elemental sugiere que la nueva tira de Pol-ka pronto heredará el público y el primer puesto conquistados por los hermanos Leonardo, Segundo y Enzo, también de la casa. De cumplirse el pronóstico, la productora de Adrián Suar afianzará su reputación de experta en generación de contenido adictivo para el televidente medio argentino.

Como Gasoleros y Campeones, esta propuesta vuelve a apostar al amor maduro en clave adolescente. Los integrantes de las parejas protagónicas (que interpretan Osvaldo Laport y Andrea del Boca por un lado, y Susú Pecoraro y Miguel Ángel Rodríguez por el otro) son víctimas del flechazo romántico: sueñan despiertos, balbucean, se sonrojan, se comen con los ojos, se celan.

Los espectadores sabemos que -más tarde que temprano- Rodolfo, Rocío, Armando y Paloma vencerán taras propias y ajenas, desencuentros fortuitos, malentendidos desafortunados, enemigos íntimos entre otros obstáculos para terminar juntos. La certeza del final feliz hace que sufrir valga la pena, incluso estimule y guste (en este punto cabe recordar la cantidad de artículos promocionales que explican la necesidad de regalarle «a la gente» una ficción que repare o compense los sinsabores de la realidad).

Aquí también existen personajes abnegados (pero optimistas), laburantes (aunque se los vea trabajar poco), con un pasado en principio inconfesable (que en realidad esconde un secreto cuya revelación liberará de culpa y cargo). También están los malos muy malos (Juan Palomino, Viviana Saccone, Nacho Gadano encarnan a los principales) y los buenos, generosos, cándidos, enternecedores (María Leal representa el estereotipo). Tampoco faltan los aliados minusválidos (individuo mudo, en esta ocasión).

Así como Gasoleros pintó la vida de colectiveros y taxistas y Campeones la de recolectores de basura con alma de boxeador, Alguien que me quiera ofrece la versión amorosa y costumbrista (este adjetivo no podía faltar) del mercado de barrio. Otra vez, la televisión (Canal 13 para ser más específicos) le ofrece un espejo gratificante a la narcisista clase media.

Los anunciantes, chochos: con una estrategia similar, llenan sus bolsillos como los conquistadores españoles de antaño.