La teta asustada

Anticipo.-
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Un poco como Vivir al límite, La teta asustada invita a intercambiar menos opiniones sobre técnica cinematográfica y más sobre la interpretación histórico-social que se desprende del relato filmado. Así como discutimos la recreación que Kathryn Bigelow hace de la ocupación norteamericana en Irak, algunos espectadores elegimos detenernos en el retrato que Claudia Llosa ofrece de un Perú todavía signado por su pasado reciente y por el abismo entre una burguesía blanca/urbana y un pueblo de origen indígeno/rural.

Lo primero que llama la atención de este film es la aparición de las palabras «violación» y «terrorismo» en entrevistas, reseñas o anticipos que lo promocionan. La representación de los términos varía según el autor de las notas: algunos la asimilan a un contexto poco preciso; otros a actores específicos (léase clandestinos y subversivos).

Una y otra simplificación saltan a la vista cuando leemos las explicaciones de la antropóloga que inventó la metáfora de «teta asustada» para ilustrar una creencia originada en los abusos sexuales grupales que, entre 1980 y 1992, miembros del Ejército peruano cometieron en siete comunidades campesinas de la localidad de Ayacucho. Cabe preguntarse entonces si las inexactitudes de la prensa constituyen desprolijidades típicas de una cobertura apresurada, sin tiempo para consultar fuentes y verificar datos, o si en cambio replican el mensaje de cierto cine con intención revisionista.

En contra de lo que sugiere la mayoría de los anticipos, reseñas y entrevistas, Llosa no se ocupa directamente de las violaciones ni del terrorismo. A lo sumo, lo sucedido aparece de manera referencial: en la canción del principio, en la conversación entre el tío de Fausta y el médico, en un diálogo entre la protagonista y el jardinero de la casa donde ambos trabajan.

Desde este punto de vista, los quiénes, cuándo, dónde y porqué(s) del pasado parecen no importar demasiado. Al contrario, un fenómeno registrado como deliberado, sistemático, étnico queda reducido a un caso de estudio con implicancias limitadas a la problemática individual (de una mujer aterrada ante la amenaza de abuso sexual), a ciertos detalles anecdóticos/exóticos (la colocación de una papa en la vagina) y a un presente casi ahistórico.

Esto no significa que la sobrina del célebre escritor descontextualice las desventuras de Fausta. La realizadora desdibujará la tragedia ocurrida años atrás pero no se priva de retratar a la protagonista en sus circunstancias: integrante de una familia numerosa que habita una vivienda siempre en construcción y ubicada en las afueras de Lima; sin dinero suficiente para enterrar a su madre muerta; empleada doméstica en la casa de una señora bien que la subestima; paciente acostumbrada a la burocracia y a la indiferencia de los médicos que la atienden en el hospital público.

Al margen de una prosa y una estética cinematográficas cuidadas y de actuaciones convincentes, cabe preguntar qué impacto causa La teta asustada en los espectadores que desconocen la realidad no sólo peruana sino latinoamericana. ¿Cómo entienden un presente desconocido, ligado a un pasado apenas sugerido, susceptibe de encasillamientos rápidos (terroristas-violadores)? ¿Cómo interpretan el recurso de la papa en la vagina: pizca de realismo mágico, representación de una violencia instalada en el cuerpo, o metáfora de una memoria que debemos extirpar? ¿Hasta qué punto la tesis feminista (la necesidad de abandonar los miedos inherentes a la experiencia traumática) minimiza la condición indígena de Fausta?

Aunque poco reprochable en términos técnicos, La teta asustada deja insatisfechos a quienes sabemos algo de historia latinoamericana y encontramos en el guión de Llosa una simplificación peligrosa del pasado. Al mismo tiempo, reconocemos el potencial de este largometraje para conquistar espectadores y críticos extranjeros (también al público latinoamericano convencido de la conveniencia de mirar hacia adelante y no hacia atrás).

Por lo pronto, las candidaturas/distinciones asignadas por el jurado de Berlín y los distribuidores de Goya(s) y Oscar(s) así lo prueban.

En este punto, y antes de terminar, cabe recordar que La teta asustada le disputa a El secreto de sus ojos (entre otras nominadas) el Oscar a la mejor película extranjera. El domingo pasado, el título de Juan José Campanella le arrebató el Goya a la mejor película hispanoamericana.