Diagnóstico y pronóstico para el ejercicio periodístico en la era digital

En febrero la edición argentina de Le Monde Diplomatique, más conocido como El Dipló, publicó en su número 128 el artículo «Esplendor y miserias del periodismo» (pág. 32 y 33), firmado por la francesa Marie Bénilde. Transcribimos los párrafos más interesantes que, de paso, traen agua al molino de las observaciones que solemos compartir en este blog cuando analizamos el trabajo de nuestra prensa.

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La web participativa, denominada 2.0, lleva a los lectores a obtener información para convertirse ellos mismos en productores de fotos y de videos, y también de comentarios o análisis de actualidad… La recolección de testimonios, datos u opiniones está cada vez más compartida entre los medios y los blogs o las redes sociales. Incluso la circulación de la información ya no es patrimonio exclusivo de los medios tradicionales, cada vez más obligados a determinar la importancia que le dan a un acontecimiento en función de la repercusión que encuentran entre los internautas… La Red determina, en parte, la agenda mediática.

 En vez de singularizar sus contenidos para distinguirse mejor en Internet, los diarios apuestan a la ubicuidad y a la rapidez. Hay que estar en todas partes, a cualquier hora, en todas las plataformas y en todos los medios de expresión: blogs, videos, fotos, referencias en los motores de búsqueda, presencia en las comunidades Facebook o Twitter.

 En cuanto a los periodistas, son incitados a hacer cada vez más y mejor las cosas, al mismo tiempo que día tras día son menos numerosos. El riesgo de este mandato paradójico es entonces dispersarse en múltiples tareas multimedias, desviándose de lo que debería ser una urgencia absoluta: la búsqueda de información inédita, de ángulos originales y sobre todo de información veraz y verificable.

 Jamás la información ha estado tan disponible en tantos soportes, y su producción tan amenazada… Para resistir, los medios tradicionales se vieron obligados a transformarse en una fábrica de información de bajo costo.

 ¿Y mañana? «Los diarios actuales no tendrán otra opción que mutualizarse, porque su contenido es idéntico», afirmó Alain Minc, presidente de AM Conseil en el coloquio sobre nuevos panoramas audiovisuales (Maison de la Chimie, París, 22/10/09). En resumen, después de haber alentado una forma de banalización editorial destinada a atraer a los anunciantes, hoy se esgrime el pretexto de la «rivalidad mimética» de los contenidos, como dice Philippe Merlant (Medias, la faillite d’un contrepouvoir. Editorial Fayard, París, 2009), para convocar a una nueva fase de concentración.

 Cuando esta lógica termine de aplicarse, habrá una proletarización de las redacciones y un empobrecimiento de la calidad de la información que no hará más que desviar aún más al lector.

 La responsabilidad de esta situación les incumbe más a los editores de los diarios que a los actores de Internet. Fueron ellos los que eligieron adaptar los diarios a las insípidas aspiraciones del mercado publicitario. También fueron ellos los que apostaron al dinero de la publicidad, imponiendo la gratuidad de su sitio y atontando a su audiencia con un gran refuerzo de juegos y loterías, sin buscar verdaderos modelos mixtos.

 El peligro es el desarrollo de la información en línea en dos velocidades. Por un lado lo excesivo, la «info-obesidad» como dice Eric Scherer, con su océano de pequeñas noticias gratuitas amenas, que se suceden unas a otras en un flujo incesante sin jerarquización ni sentido. Por otro lado, una información clasificada con cuidado para aquéllos que pueden pagarla a buen precio.

 ¿Se pagará en el futuro por la información en línea? Apple, que trabaja en un dispositivo de la prensa con un sistema pay per view (en castellano «pagar para ver») y adaptado al consumo de artículos online, representa una esperanza para 2010. Pero no es seguro que la compra de periódicos online vaya a imponerse… El viento de la gratuidad ha soplado durante demasiado tiempo, y es muy difícil volver atrás.

 En una sociedad digital, una mayor exposición de la información tiende a favorecer la libertad y a contribuir a la lucha contra las exclusiones. Pero con la condición de que el individuo sepa ubicarse en la jungla de Internet.