Gripe A, y el chanchullo de la información mercantilizada

Por Jorge Gómez
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En mayo del año pasado, a dos semanas de haber estallado el pánico mundial por la gripe porcina, Espectadores publicó un post muy crítico sobre la verdadera dimensión del fenómeno. En aquel momento inicial comparamos la cantidad de muertes que otras enfermedades provocan en nuestro país con el mísero crecimiento que protagonizaba la “nueva pandemia”, y postulamos que podría tratarse de “formidables operaciones de disciplinamiento social a partir del miedo, o de una simple coincidencia de intereses entre los medios de comunicación que siempre venden más en las catástrofes y algunos gobiernos a los que les conviene mantener una población hipnotizada frente a las pantallas esperando el Apocalipsis”.

En ese entonces, a pesar de la unanimidad mediática y la psicosis general, nosotros pensábamos que todo era una farsa. Hoy, nueve meses después, queda claro que no hubo pandemia y que funcionarios corruptos de la Organización Mundial de la Salud y vinculados con el negocio de los laboratorios exageraron las características nocivas del virus H1N1.

«La fórmula es sencilla: crea el problema, infunde temor y luego vende la solución. No falla», sostiene el médico español Pedro Caba –ex vicepresidente de la OMS- en una nota del diario madrileño El Mundo cuyo título se refiere muy descriptivamente al «camelo de la gripe A«.

No nos interesa promover el autobombo ni informar sobre la estafa científico-farmacéutica (ya lo hicieron Juan Gelman aquí y el portal mexicano ¡La Poca Madre de los Poderosos!, aquí). En cambio sí queremos reflexionar sobre el estado de indefensión al que nos someten nuestros comunicadores tan poco críticos, tan perezosos, tan repetidores de titulares que «miden».

En mayo de 2009, no era muy difícil leer los diarios del mundo y sospechar de las absurdas proyecciones que se hacían. Sin embargo los grandes medios masivos de nuestro país no lo hicieron: prefirieron anunciar catástrofes, imaginar mutaciones, enloquecer a la gente.

Es muy posible que el entusiasmo por los grandes títulos y el desprecio por el ejercicio lúcido y mesurado de la profesión periodística se relacionen con el siguiente comentario enunciado por el periodista Ernesto Tenembaun en su blog: “no hay fuerza más poderosa en los medios, sobre todo en televisión, que ésa: si mide, va. Porque, además, si no lo ponés vos, lo pone otro y te caga con el rating. Y eso significa tanda, y eso significa plata”.

Ahora sí… Si la información se convierte en simple mercancía, estamos en problemas.