Conociendo a Jane Austen

Conociendo a Jane Austen nunca se estrenó en las salas argentinas; a mediados de 2008 desembarcó directamente en formato DVD y hoy se proyecta en la televisión premium. Además de rendirle tributo a la escritora británica, la película de Robin Swicord rescata del olvido a los clubes literarios y describe la estrecha relación que puede existir entre vida real y ficción (aún cuando una y otra sean extemporáneas). Vale la pena verla, al menos por su noble intención.

La idea de que seis californianos del nuevo milenio se reúnan periódicamente para comentar novelas escritas en el siglo XIX ilustra no sólo la vigencia de los clásicos, sino la pasión que provocan los libros. Gracias a adaptaciones de su obra como ésta y ésta y a aproximaciones biográficas como ésta, Austen es una autora con prensa cinematográfica; no sorprende entonces que funcione como anzuelo destinado a convocar al público lector y no tanto.

Por las dudas, cabe aclarar que el trabajo de Swicord no pretende analizar la obra de la novelista inglesa a diferencia, por ejemplo, de lo que hizo Al Pacino cuando filmó su intersantísima aproximación a Ricardo III. Aquí la literatura es apenas una excusa para contar historias de amor muy respetuosas del género romántico con impronta hollywoodense.

Desde esta perspectiva, Conociendo a Jane Austen es otra película coral donde los personajes se encuentran, cruzan, desencuentran en busca de un amor correspondido. La sensatez y los sentimientos retratados siglo y medio atrás sirven para encausar a Jocelyn, Prudie, Bernadette, Sylvia, Allegra y al único varón Grig (algunos percibirán cierto tufillo victoriano cuando Prudie elige serle fiel a su marido o cuando Sylvia considera la posibilidad de volver con el suyo).

Sin embargo, aunque afecto a cierta moralina, este largometraje se deja ver en la pantalla chica. Por un lado nos libera un poco de una grilla colmada de propuestas que explotan el combo tecnológico-violento-sexual. Por otra parte, Emily Blunt, María Bello, Kathy Baker, Amy Brenneman, Kevin Zegers, Hugh Dancy entre otros nos conceden actuaciones sobrias alejadas de la hipérbole habitual. Por último, se trata de una propuesta inofensiva cuya intención noble podemos valorar con un poco de buena voluntad.