Invictus

¿Cuán interesante puede resultar el tributo a un líder de la talla de Nelson Mandela cuando se circunscribe a una única estrategia política, en este caso destinada a fomentar el compromiso nacionalista por medio del deporte? ¿Cuán inmediato fue el proceso de mancomunión que habría reconciliado a negros y blancos, y erradicado definitivamente la práctica del apartheid? ¿Hasta qué punto conviene la selección de actores híper reconocibles para el retrato de personajes cuyo brillo supera al de las estrellas hollywoodenses? Éstas y otras preguntas genera Invictus, película que vuelve a confirmar la intención pedagógica y pontificadora de un Clint Eastwood desgastado.

Mientras Río Místico y Gran Torino son pura ficción, el largometraje estrenado el jueves pasado recrea los hechos históricos que el periodista John Carlin plasmó en su libro Playing the enemy: Nelson Mandela and the game that made a nation. Por lo visto, el cineasta norteamericano también encuentra en la realidad una plataforma apta desde donde elucubrar y lanzar sus fábulas solemnes, esquemáticas, cursis, previsibles.

Como de costumbre, Eastwood vuelve a confundir capacidad de síntesis con mera simplificación. De ahí que el primer fresco de Sudáfrica consista en mostrar dos terrenos separados por alambres y una ruta: de un lado, niños negros juegan al fútbol con una pelota vieja en una cancha improvisada; del otro lado jóvenes rugbiers blancos y uniformados entrenan bajo las órdenes de un coach igualmente ario. El paso de Mandela en auto provoca la euforia de los primeros y el desprecio de los segundos.

La metáfora ilustra las implicancias del segregacionismo y el quiebre que significó la asunción de un Presidente de color (¿acaso la intención de este homenaje es extendible a Barack Obama?). Pero se agota en un esquematismo que, a medida que avanza el film, “se resuelve” a partir de conversiones poco verosímiles: los guardaespaldas negros y blancos aprenden a tolerarse y congeniar; la familia Pienaar mira con ojos amables a su criada; la policía celebra la victoria deportiva con un pibe villero antes sospechado de ratero.

Cuesta creer en la inmediatez de ciertos giros argumentales (¿tan pocos fueron los conflictos que el capitán de los Springboks enfrentó con los integrantes boers de su equipo?) y en la corrección política de los parlamentos (salvo por el entrenador del principio, nadie agravia a la comunidad negra). Tampoco convencen el Mandela y el François Pienaar demasiado parecidos a Morgan Freeman y Matt Damon, y reducidos a dos maquietas dedicadas a enunciar aforismos dignos de José Narosky.

Por si estos desaciertos fueran pocos, rescatar al pacifista Madiba a partir de una estrategia político-deportiva amarga a los argentinos que todavía recordamos el empecinamiento de la última dictadura militar en sacarle rédito institucional al Mundial de Fútbol de 1978. Aunque sería injusto reprocharle a Eastwood también esto (tampoco es nuestra intención), la observación bien vale como otro motivo para no recomendar Invictus.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

4 respuestas a “Invictus

  1. Aforismos de Narosky? qué ácida, Specta! jaja me divierte cuando sos malvada.

    No vi Invictus, pero ayer terminé de ver El bueno, el malo y el feo y me enamoré perdidamente de Clint. Por Dios, se ve sexy hasta con un poncho!

  2. Jajajaj, Naty. A veces me gusta ser un poco malvada. 😛

    Clint Eastwood era (¿sigue siendo?) muy buen mozo. A mí me gustaba cuando hacía de cowboy, y disfruté mucho de Los imperdonables (de Los puentes de Madison también). Pero sus últimos trabajos me decepcionaron mucho (Million dollar bay directamente me indignó). En este sentido, la pinta no lo salva…

  3. Sí, es una película cursi y muy básica, o esquemática, y claro que no podemos evitar el contraste con nuestro mundial. Invictus muestra la faceta más avejentada de Eastwood, no me cabe duda. Me imagino que quiso (con sus intenciones ‘pontificadoras’ que a muchos molestan) en tiempos de Obama hacer una ‘obra’ inspiradora, como esos poemas de los que el personaje de Mandela le habla al líder de los Springboks. Berretón, pero no me rasgo las vestiduras. Tal vez sea un placer culposo, en general me divierten las películas de deportes. Y la historia de Mandela, aunque no haya sido tan espectacular como dice Clint, me parece fascinante.
    Pero, sí, extraño al director de Medianoche en el jardín del bien y el mal, al de Los puentes de Madison y de varias otras (que ya no me animo a mencionar pa no levantar más polémica, jeje).
    Saludos.

  4. a ver a ver. puede ser ciertas las apreciaciones acerca de INVICTUS.
    una subjetividad, del director, que no gusta parece, simplificando y tomando elementos para llegar a su VISION.
    Pregunto: ¿no pasa lo mismo con la lectura de la realidad?
    porque ya que quieren mezclar el mundial nuestro con estos hechos en SUDAFRICA, invito a pensar:
    cuando cada uno describe la verdad, no valoriza elementos y desvaloriza otros para esquematizar y dar verdad a una teoria determinada?
    no solo que la lectura de la realidad será subjetiva entonces, sino FALSA.
    Y ESO ME PARECE TERRIBLE.
    no soy un cineófico, pero me parece que no encontrar la verdad es las lecturas que se hacen de la realidad es mas preocupante que no encontrar la verdad en una simple pelicula.

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