Peligro de propaganda subliminal

En un arrebato de curiosidad facebookiana, repaso el álbum vacacional que publica un contacto anticristinista hasta la médula. Llama mi atención la cuarta foto, donde el susodicho viste una remera de Calvin Klein blanca, con las iniciales de la marca en negro (abajo figura, muy chiquito, el nombre entero). Impresiona ver a esta persona enfundada en una tela con siglas que en otro contexto detestaría, denigraría, incluso insultaría.

Se me ocurrió entonces que los adversarios de la Presidente, sobre todo aquellos políticos tan atentos a la moda (por ejemplo, éste y éste), deben pensarlo dos veces antes de usar las ropas, perfumes y accesorios que muestra la ilustración del post. Algunos se sentirán a salvo gracias a la ausencia de una F intermedia y a la eventual presencia de algún epígrafe aclaratorio; otros no querrán prestarse a la desagradable confusión que genera una -tan indeseada como bochornosa- propaganda subliminal.