Acné

Acné es una bocanada de oxígeno entre tanto producto cinematográfico y televisivo empecinado en estereotipar a los adolescentes y, si es posible, convertirlos en agentes y objetos de un mercado híper redituable (si lo sabrá la prolífica Cris Morena). Sin dudas, el seguimiento que Federico Veiroj hace del treceañero Rafa Bregman construye un fresco fiel de esos tiempos signados por la urgencia hormonal, el enamoramiento obsesivo, la sacralización de la amistad, el desapego más absoluto del entorno adulto… y las visitas al dermatólogo.

El protagonista de esta película apenas ve, oye, interactúa con padres, profesores, médicos y personal doméstico. A lo sumo manifiesta algún arrebato impulsado por el incontrolable deseo de besar en la boca o de conocer a la joven kiosquera que trabaja a metros de la oficina paterna.

La cámara nos acerca a Rafa; nos revela sus prácticas masturbatorias, sus dibujos hechos en clase, sus rateadas al prostíbulo, sus juegos infantiles (y no tanto) con los compañeros del alma, sus consultas y confidencias amorosas, su encandilamiento con Nicole, el momento preferido en el video de su bar mitzvah. En cambio, de manera deliberada o por simple desprolijidad técnica, el audio nos aleja, nos impide entender lo poco que dice y le dicen (buscado o no, este detalle hace que los espectadores adultos sintamos en carne propia la distancia establecida con los mayores que aparecen en pantalla).

La adolescencia que retrata Veiroj y que personifica (muy bien) Alejandro Tocar pertenece al contexto específico de la burguesía uruguaya y judía. La referencia concreta a este marco refuerza el contraste con los productos cinematográficos y televisivos donde los jóvenes son claveles del aire tan impersonales como los shoppings y los countries.

De paso cañazo, el guionista y director montevideano desliza un retrato social que incluye detalles nada inocentes. Por ejemplo, el intercambio de dinero entre padres e hijo o el debut sexual con la mucama (una tarea más del personal doméstico que sirve en las casas de las familias bien).

En síntesis, vale la pena ver Acné por dos razones: porque es un buen referente del cine uruguayo (que se suma a éste y éste), y porque rescata la identidad verdadera de la tan publicitada (y distorsionada) adolescencia.