Media luna

Es probable que quienes hayan visto Las tortugas también vuelan se nieguen a pagar una entrada para asistir a la proyección de Media luna. Sin embargo, los cinéfilos reticentes pueden estar tranquilos: la segunda película de Bahman Ghobadi que desembarca en Buenos Aires es mucho menos devastadora que su antecesora, y menos sospechosa de recurrir al golpe bajo.

A priori, este film estrenado al término de 2009 corre el riesgo de resultar críptico porque remite a una realidad regional que la mayoría de los argentinos ignoramos. Por lo pronto, aunque podamos reconocer el nombre de Sadam Hussein y recordar la guerra que durante años enfrentó a Irán e Irak, en algún punto intuímos que los detalles de la historia de Mamo y su troupe de músicos se nos escapan.

¿Por suerte? nuestra experiencia en dictaduras nos lleva a sentir empatía por el viejo músico censurado y exiliado que emprende el regreso a su tierra para encontrarse con un público que en principio nunca lo olvidó. Asimismo Ghobadi sabe universalizar su relato a partir del protagonismo que les asigna a la muerte (a la premonición/espera de su llegada) y a la poesía (encarnada en una voz femenina tan inasible como perseguida).

Por otra parte, el formato de road movie, una fotografía y música bellísimas, y la intervención de personajes pintorescos como el conductor del micro, el acompañante «fugitivo» y un cabo fiel a su artista admirado consiguen amenizar un derrotero por momentos funesto.

Además de rendirles homenaje a la música y a los artistas populares prohibidos por los Estados totalitarios, Media luna nos invita a descubrir una mirada distinta sobre los kurdos y demás habitantes de Irán, Irak, Turquía. En este sentido, la película de Ghobadi nos concede algo de oxígeno a quienes nos sentimos asfixiados por la estigmatización que los medios occidentales suelen hacer del mundo árabe/islámico/musulmán.