Anita

Reconocidos libretistas de televisión, Marcos Carnevale, Lily Ann Martin y Marcela Guerty a veces también incursionan en el cine. Juntos escribieron el guión de Anita, largometraje que causó indiferencia en parte porque se estrenó casi al mismo tiempo (una semana antes) que la exitosísima El secreto de sus ojos, y en parte porque retoma el atentado a la AMIA (siniestro que muchos argentinos prefieren olvidar). Cabe preguntarse además cuántos espectadores habrán desestimado la historia de una adolescente con síndrome de Down.

Para evitar suspicacias, enseguida conviene señalar que esta propuesta se distingue por prescindir de los golpes bajos que otras manos habrían podido propiciar a la hora de combinar dos temas delicados. Así como genera algunas dudas (¿qué sentido tiene?, ¿dónde está la relevancia?, ¿cuál es el interés?), la decisión de contar las secuelas de un acto terrorista a partir de la experiencia de una joven discapacitada se revela libre de morbo.

Las actuaciones de Norma Aleandro y Leonor Manso también ayudan a eludir el amarillismo, la cursilería, el melodramatismo. Con total corrección, las secundan Luis Luque, Peto Menahem y Mercedes Scapola.

Anita (la muy convincente Alejandra Manzo) tiene más carnadura que aquel Corky que padecimos por TV, y que se especializaba en aleccionar contra la discriminación. Aún así, algunos sospechamos que al personaje argentino también se le endilgó la misión de subrayar la crueldad de los adultos considerados “normales”: en un extremo, los autores materiales e intelectuales de una masacre; en la media general, el pobre infeliz capaz de abandonar en un colectivo a un semejante también desafortunado.

El guión de Carnevale, Martin y Guerty se apiada de los espectadores porque nos preserva de lo peor que podría haberle sucedido a la hija de Dora; porque ningún personaje es malo (ni bueno) del todo; porque nos concede un final relativamente reparador. Aún así, cuesta deshacerse de cierta amargura, por un lado porque los recuerdos del atentado a la AMIA resucitan en nuestras cabezas, por otro lado porque resulta imposible no lamentar ciertas implicancias de “ser Down” y de cuidar a un ser querido con este síndrome.

Aquí, las dudas que provoca este largometraje vuelven a aparecer: ¿qué sentido tiene, dónde está la relevancia, cuál es el interés de contar las secuelas de un acto terrorista a partir de la experiencia de una joven discapacitada? Aunque Anita sea superior a otros proyectos para pantalla grande sobre la bomba del 18 de julio de 1994, da la sensación de que el cine nacional sigue sin encontrar la mejor manera de abordar el tema.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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