Mary and Max

Quienes sucumbimos ante Harvey Krumpet tratamos por todos los medios de ver Mary and Max, especie de prolongación cinematográfica que los distribuidores locales quizás ignoren tal como hicieron con el título anterior. El largometraje de Adam Elliot retoma la estética y un poco la temática del corto animado que en 2004 supo ganar un Oscar entre otros premios de renombre internacional. Como Harvey, Mary y Max son antihéroes extremadamente vulnerables, y sin embargo capaces de superarse a sí mismos y de sortear los sinsabores y dificultades de una existencia desafortunada cuando no trágica.

La sensación de prolongación tiene que ver no sólo con las coincidencias entre personajes (por ejemplo, Harvey padece el síndrome de Tourette y Max, el de Asperger) sino con la manera de abordar temas tan dramáticos como el abandono, la soledad, la enfermedad física y mental, el alcoholismo, la muerte. De hecho, el guionista y director australiano despliega en ambos films un sentido del humor piadoso y conmovedor.

Mary and Max les rinde homenaje a la amistad y a las bondades de un correo que, telefonía e Internet mediante, la mayoría de los mortales descartamos. De alguna manera entonces, rescata el género epistolar.

Además del manejo de la historia (según los afiches, basada en hechos reales), cabe destacar el trabajo de animación de plastilina más cercano al estilo artesanal de los estudios Aardman (sobre todo Wallace & Gromit) que al industrial de Pixar y Disney. Probablemente esta distinción se relacione con el hecho de que las creaciones de Elliot apuntan al público adulto.

Los espectadores también nos deleitamos, por un lado, con las voces de Philip Seymour Hoffman, Bethany Whitmore, Toni Collette, Eric Bana y Barry Humphries y, por otro lado, con la música original de Dale Cornelius y una banda de sonido que incluye melodías de Zorba el griego y Madame Butterfly además de la conocidísima canción «Qué será, será».

En principio, Mary and Max no es apta para niños aún cuando, hasta la segunda mitad del largometraje, la protagonista es una nena de 8 años (salvo por el cabello lacio, se parece a Mafalda). Sin embargo, en comparación con algunos dibujos que pasan por televisión, las tragedias que les ocurren a los personajes de Elliot resultan menos nocivas y sin dudas más inspiradoras.

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PD. Gracias, José, por la recomendación.