El hermano de Santa / Fred Claus

Dan Fogelman fue guionista de las aleccionadoras Cars y Bolt y su colega Jessie Nelson, de las cursis ¡Porque yo lo digo!, Mi nombre es Sam, Nuestro amor, Corina, Corina. Juntos, en 2007 escribieron El hermano de Santa (Fred Claus es el título original); la combinación de ambas plumas provoca un efecto perturbador.

En Argentina, la película que dirigió el ignoto David Dobkin desembarcó directamente en formato DVD en 2008, y hoy puede verse en la TV premium (lo constatamos año tras año: la proximidad de las Fiestas tematiza la grilla del cable). Quienes la encuentren podrán engancharse con la intención de homenaje a Papá Noel y/o con un elenco multiestelar que incluye a Paul Giamatti, Vince Vaughn, Miranda Richardson, Rachel Weisz, Kevin Spacey, John Michael Higgins entre otros rostros reconocibles.

Sin embargo, no hay espíritu navideño ni fanatismo cholulo en condiciones de soportar los chistes malos y lugares comunes que despliegan los mencionados Fogelman y Nelson. Con buena voluntad, las mentes más tolerantes rescatarán la única escena graciosa/ocurrente: una sesión de terapia grupal para personas incapaces de sobrellevar el éxito de sus hermanos, y donde intervienen los verdaderos Frank Stallone, Roger Clinton y Stephen Baldwin.

Por su parte, los fanáticos de la animación computada se consolarán con los efectos que convierten a Higgins (y a otros actores adultos) en duende(s) y que recrean un Polo Norte digno de la estética de Disney. Algunos también valorarán los trucos que le permiten al mítico trineo volar.

En cambio, los admiradores de Giamatti, Vaughn, Richardson, Weisz, Spacey, Higgins difícilmente podrán disfrutar de esta representación. A lo sumo, por momentos tendrán la sensación de que sus estrellas se divierten (¿o resignan?) ante una especie de parodia de acto escolar.

Entre otras cosas, Fred Claus nos enseña que la maldad es explicable y reversible, que la envidia es mala consejera (más si enfrenta a los hermanos), que todos los chicos son buenos, que en las familias siempre hay espacio para la reconciliación, que no existen los regalos insignificantes cuando hay amor, que nada puede impedir/destruir la magia de la Navidad.

De esta manera, Dan Fogelman vuelve a hacer gala de su discurso pedagógico y Jessie Nelson, de su gran talento para la edulcoración. Sin dudas, reincidencias como éstas perturban al pobre espectador.