Prom night in Mississippi

Bendito sea el zapping. Por obra y gracia del control remoto, Ud. puede recalar en HBO justo cuando el canal premium proyecta el documental Prom night in Mississippi. De tener esa suerte, aprovéchela: de la mano de Morgan Freeman, el trabajo escrito y dirigido por Paul Saltzman le permitirá descubrir o confirmar la plena vigencia del apartheid en suelo norteamericano. De paso, podrá apreciar el retrato de aquel otro Estados Unidos tan ajeno al slogan atlético, democrático y libertario que tanto promociona Hollywood.

Así como en 2006 Spike Lee denunció el maltrato que sufren los estadounidenses de segunda categoría a partir de lo ocurrido en la New Orleans arrasada por el huracán Katrina, en 2008 Saltzman señala la misma discriminación a partir de un evento cotidiano, mucho menos crítico o trascendente: la fiesta de egresados que tiene lugar en el secundario East Tallahatchie del pueblo sureño de Charleston.

Creer o reventar, desde sus inicios y hasta el año pasado autoridades, padres y alumnos del establecimiento organizaron dos entregas de diplomas: una para los bachilleres negros (el 70% de la población escolar); otra para los blancos (el 30%). El interés del documental parte de la propuesta de Freeman de financiar un festejo único (por lo tanto interracial), y consiste en registrar las reacciones dentro y fuera de la comunidad académica.

Prom night in Mississippi se concentra en el presente de esos chicos todavía signados por el racismo de antaño. Si bien algunas fotos y declaraciones aluden al pasado, las entrevistas realizadas a directores, preceptores, profesores y futuros egresados abordan una ceremonia cuya vigencia revela prejuicos, tensiones, conflictos contemporáneos.

Saltzman hace hincapié en el comportamiento de los adultos. De ahí que les preste especial atención al padre WASP empecinado en impedir que su hija de 17 años salga con su noviecito negro, o a uno de los preceptores (también blanco) preocupado por la seguridad con la que contará la fiesta, dado que los alumnos de color serían más propensos a llevar alcohol, pastillas y/o armas (este hombre nunca habrá visto Bowling for Columbine).

Algunos espectadores pensamos en Mississipi en llamas cuando vemos Prom night… Al margen de sus grandes diferencias, ambas películas permiten trazar una línea histórica entre la desaparición de universitarios negros que tuvo lugar en otro pueblo de ese mismo Estado en 1964 (y que Alan Parker filmó en 1988) y la segregación que en pleno siglo XXI sufren estudiantes secundarios como los de la East Tallahatchie County School.

Esta continuidad imaginaria adquiere consistencia cuando recordamos las máximas KKK, tan actuales como la modernísima Internet.

En un tercer o cuarto plano, este documental también evoca algunas observaciones de Morgan Spurlock en Super size me. Los memoriosos relacionarán las referidas a la mala alimentación de los adolescentes (en parte atribuible a los menúes hipercalóricos que ofrecen los comedores escolares) con el sobrepeso de la mayoría de los alumnos que entrevista Saltzman.

No olvide bendecir las bondades del zapping. De tener suerte, Ud. podrá dar con un documental tan revelador como Prom night in Mississippi.