Tiembla la formación ciudadana

La importancia que, al menos en teoría, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le asigna (¿asignaba?) a la necesidad de recuperar la memoria histórica a partir de la educación pública todavía se encuentra a dos clics de la homepage del sitio oficial. Entre otras cosas, la página en cuestión menciona el objetivo de «fortalecer la enseñanza y defensa plena de los Derechos Humanos y los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes».

En cambio, cuesta un poco dar con el programa de Educación Cívica para el nivel medio que aprobó el ex ministro Mariano Narodowski. Hasta ayer, quienes lo encontrábamos fantaseábamos con la supuesta aplicación de contenidos que buscan favorecer «el reconocimiento de los derechos humanos como núcleo de valores comunes de una sociedad plural» y «la reflexión sobre las desigualdades y la vulneración de derechos de grupos desfavorecidos».

Todavía impresionada (asustada) por las barbaridades que el nuevo ministro de Educación de la Ciudad publicó (justamente ayer) en La Nación, la autora de este post no puede dejar de imaginar la aplicación de estas máximas en la currícula escolar porteña si el jefe de Gobierno Mauricio Macri sigue confirmando a Abel Posse en su flamante cargo. Por lo pronto, los objetivos pedagógicos arriba citados enseguida desaparecerían de un plumazo.

Al margen de cuántos porteños están de acuerdo con las férreas convicciones del recién designado (¿unos veinte mil tal vez?), lo preocupante es que, en su gran mayoría, el resto (2.980.000 según cálculos groseros) desconoce -o conoce muy poco- los programas educativos por ahora vigentes en las escuelas públicas de la ciudad. Difícilmente puedan comprender cuán nefasta será la formación de los futuros ciudadanos si efectivamente queda en manos de funcionarios tan trasnochados (¿retrógrados?) como este ex diplomático y escritor que -encima- carece de experiencia en Educación.