No tire piedras, Bergoglio

Por Jorge Gómez
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No tire piedras, Cardenal Bergoglio. Sepa que su techo es de cristal.

Con los secuestros en la dictadura, los representantes de la cúpula eclesiástica no defendieron a sus hermanos o fueron cómplices. En los casos de pedofilia, no se meten. Sobre el escándalo de espionaje macrista tampoco emiten opinión.

Son pastores que dicen confiar en la Justicia. Nada de esto les importa.

Eso sí. Cuando dos personas del mismo sexo deciden contraer matrimonio civil, el arzobispado de la ciudad de Buenos Aires pierde la línea. Su máxima autoridad llama al Jefe de Gobierno de la Ciudad y en un comunicado oficial lo acusa de “faltar gravemente a su deber como gobernante“.

Qué gente tan mala, ¿no?

17 thoughts on “No tire piedras, Bergoglio

  1. Ay, no sé, Jorge. Me parece “natural” que el Cardenal proteste. No imagino otra escena, aunque yo no entienda el argumento.
    Y con respecto a la Iglesia, creo que deberíamos ver no sólo lo que no hacen, sino también lo que hacen. Muchas parroquias, a lo largo de todo el país, son las que se ponen al hombre los mil problemas de los miembros de su comunidad, y no el Estado.

  2. Creo que la Iglesia de Bergoglio no representa a la mayoria de los católicos o de los que tenemos alguna fe… La Iglesia de Bergoglio pertenece a aquellos que no tienen relaciones sexuales sin estar casados, a aquellos que no usan métodos anticonceptivos de barrera o pastillas u otros no aceptados, a aquellos casados para toda la vida donde el divorcio no es una opción, a aquellos de sexualidad correcta y a algún otro grupo minoritario que ahora no me sale… Conclusión: conjunto vacío!
    Lo que es a mí, la Iglesia de Bergoglio ya me quemó mil veces en la hoguera por “conductas impropias”…
    La verdadera Iglesia es aquella a la que hace referencia Estrella y esta Iglesia esta bastante lejos de la Catedral…
    Así que… no perdamos la fe que a la hora del juicio Dios esta dispuesto a escuchar y dejar de lado a los burócratas de la tierra…

  3. Estrella
    En el pequeño texto me pareció que quedaba claro que los cientos de sacerdotes que trabajan en todo el país, nada tienen que ver con mi crítica al comunicado del Arzobispado. Esas generalizaciones (los políticos, los curas, los blogueros) son siempre mentirosas, por lo que me preocupé en marcar que hablaba de las ideas de Bergoglio y de la cúpula eclesiástica, que son los responsables del comunicado que le pega a Macri por su posición frente al matrimonio entre homosexuales.

    A mi me parece, amiga, que no hay antecedentes de un comunicado oficial tan duro de la cúpula de la Iglesia contra un gobernador electo en la historia del país. Le mandaron “faltó gravemente a sus deberes de gobernante”, (tal vez dijeron algo similar de Alfonsín alrededor de la ley del divorcio ¿no?) y Macri se lo bancó solito porque su gente no lo apoya mucho en este asunto, y quienes apoyan el casamiento gay no lo quieren .a Mauri …

    Yo me limité a comparar la posición del actual Cardenal en 4 asuntos : El secuestro de 2 jesuitas (que dependían de Bergoglio) que fueron torturados por la Marina y luego liberados . En este episodio Emilio Mignone y uno de los curas involucrados acusan directamente a Bergoglio de haberlos entregado: Otras voces dicen que no los entregó, pero nada hizo por ellos.

    Comparo tambièn esta reacción con la reacción que tuvo nuestro crítico de Macri ante el escandalo del espionaje (nada, no dijo nada) y la condena por abuso de poder y corrupción de menores que pesa sobre el padre Grassi: No lo condenó, no dijo que faltó gravemente a sus deberes de nada.

    Es verdad que es “natural” que Bergoglio diga lo que dice, y seguramente si Videla hubiera autorizado el casamiento entre personas del mismo sexo Bergoglio hubiera dicho lo mismo que dice de Macri.

    Entonces, a mi me parece que puedo ver una escala de valores allí, en esa manera de elegir los temas por los que Bergoglio se preocupa. Es una institución con pretensiones naturales de autoridad moral y a mi me parece que esa es una moral que debe ser denunciada, enfrentada, combatida

    Saludos

  4. Daniela
    Me gustó lo de “conjunto vacío” . Claro, está hablando para nadie. A mi me preocupa – sinceramente – que maltrate de esa forma al Jefe de Gobierno, y que nadie lo mande al demonio. Si el intendente fuera Ibarra todo el progresismo estaría bardeando al cura y Radio10 y La Naciòn dirían que se viene la disolucion nacional. Como cambiaron los roles previstos, ambos bandos no saben que decir. Espantoso.

    Maria
    A mi lo que me divierte mucho en estos días es el apuro de muchos por aclarar que están a favor del matrimonio gay pero que ellos NO son homosexuales . Tambien me resultó muy cómico este volante de Cecilia Pando
    votasteS a Macri para esto
    Abrazos

  5. Yo opino como Jorge obviamente sin embargo ,estos días he visto tele ,he escuchado radio ,he leído blogs de celebración al pontífice y de recorrdación de sus pecados de omisión y de hecho ,he visto la euforia y el fanatismo de millones de cristianos y tambien la acción política de varios dirigentes hablando de Francisco1 y su opción por los pobres asi q ahora me llamo a retiro espiritual azorada con tanto papismo

  6. ¡Habemus Papam! Y habemus lío, también. Son horas delicadas para el Gobierno. Más que nunca, se necesita inteligencia en los actos y declaraciones. La Argentina es un país de tradición católica, y la consagración de un Papa argentino puede derivar en efectos muy difíciles de dimensionar. Por más que el catolicismo haya perdido mucho terreno en las últimas décadas, en una sociedad de tradición católica como la nuestra un chispazo puede avivar el fuego; y el nombramiento del cardenal Bergoglio como líder mundial de la Iglesia, más que chispazo parce una hoguera. Por tanto, cuidado: en estos momentos la idiotez puede ser letal. Hoy, más que nunca, se requiere esa prudencia que brilló por su ausencia en muchos momentos de la gestión oficial, y que llevó a que Bergoglio, de a poco, pase a ser visto como un opositor al kirchnerismo. Hay que desandar ese camino, desmontar esa interpretación. Un elemento juega a favor de este desafío: en todos estos años nunca ha habido enfrentamientos explícitos entre el arzobispo de Buenos Aires y las autoridades del Gobierno. Las primeras reacciones de Cristina son positivas: felicitación formal, confirmación de asistencia a la asunción e invitación a representantes de la oposición para integrar la comitiva oficial. Pero no alcanza. Se requiere más calidez y generosidad en los gestos, y también es imperioso marginar a muchos de los tontos que integran la periferia del poder oficial y que por estas horas parecen estar inmersos en una cruzada contra el ahora papa Francisco. Los enemigos del proyecto nacional están agazapados y se relamen, saben que un paso en falso puede ser fatal.

  7. ¡Damián! Qué bueno leerte nuevamente en Espectadores.

    Comparto con vos la preocupación por las relaciones ¿diplomáticas? que el gobierno nacional entablará con el Papa Francisco. Dicho esto, no estoy segura del alcance del posicionamiento: imaginemos que Cristina consigue acercarse a o congraciarse con Bergoglio, ¿realmente bajará un cambio el sentimiento antiK de la población que simpatiza con el ahora ex cardenal? Si por el contrario la templanza presidencial se reduce a estos primeros pasos que señalás y en un futuro próximo se produce algún roce o exabrupto que reedita desencuentros pasados, ¿cuánto cambiará la opinión de los ciudadanos, tanto de los simpatizantes con el gobierno como de sus detractores?

    Mi temor es que, independientemente de la estrategia que el Gobierno asuma con el Vaticano, la Iglesia católica local se sienta más fuerte con Bergoglio en la Santa Sede y entonces refuerce su capacidad de lobby político, por ejemplo en el tratamiento del nuevo código civil o en el (a mi juicio cada vez más remoto) proyecto de separar Iglesia y Estado o en el debate con respecto a la legalización del aborto.

    ¡Un saludo!

  8. Solo hay q esperar Maria .Ahora hay mucha euforia y esperanza y lobby para presentar a Francisco como simpático humilde peronista villero austero ,,,Veremos q hace y despues seguimos

  9. María, soy como el sol de la canción de Marilina Ross: aunque no me veas siempre estoy, je. Paso todo el tiempo por Espectadores a leer tus notas, aunque no siempre las comente. En relación a tu respuesta, quiero plantear algunas cosas. Me parece que en la sociedad argentina hay dos sectores muy ideologizados. Uno adhiere con fanatismo al Gobierno; son los que creen que el kirchnerismo es un proceso revolucionario que llegó al poder para dar un vuelco definitivo del país en todas sus estructuras. El otro lo detesta, también con fanatismo, y es el que cree que en la Casa Rosada hay una junta de montoneros asesinos que día y noche maquinan las mil formas posibles de hundir al país en el infierno. Ambos sectores son minorías que no deben superar, juntos, el 40 por ciento de la población. La verdadera batalla política se libra para conquistar la mayor adhesión posible en el 60 por ciento restante. Se trata de una mayoría silenciosa, sin ideología, volátil, “independiente”, como eufemísticamente gustan decir los encuestadores. Una gran masa despolitizada que tiene al sentido común como único guía a la hora de decidir sus preferencias políticas en las urnas de cada elección. Sentido común que, por carecer de cosmovisión, es muy influenciable por los discursos mediáticos, vota con el bolsillo y es susceptible a las formas, los gestos y los modales de quienes gobiernan. Como alguna vez le escuché decir a un analista, son los que “desean el paraíso, pero no quieren que los lleven a patadas en el culo”. Es cierto, como vos advertís, que la minoría anti-k no va a simpatizar con el oficialismo así Cristina se case con Francisco. Es un nicho impenetrable. Por otra parte, los fanáticos K aseguran un piso de votos que rondará el 20 por ciento. El riesgo consiste en perder respaldo en la porción importante de esa masa no ideologizada que, con reparos, suele acompañar la gestión oficial: es el caudal de votos que define la victoria o la derrota en toda batalla electoral. Dicho todo esto, creo importante comprender que la enorme mayoría de los argentinos, dentro de los cuales está la enorme mayoría de los que votaron a Cristina para un segundo mandato (30 por ciento, mínimo), viven con felicidad la entronización de Jorge Mario Bergoglio. Ignorarlo sería un pecado político, de los imperdonables. Por lo tanto, y esta es la mala noticia, el fortalecimiento del poder de lobby de la Iglesia en nuestro país es una consecuencia inevitable con el que habrá que lidiar. En este sentido, habrá que ver qué pasa con el proyecto de reforma del código civil, hasta dónde mete sus narices la Iglesia. Otra cosa es el aborto. Hasta donde sé, la despenalización del mismo es un tema cajoneado por la propia Presidenta, la cual, en este punto específico, parece tener una postura conservadora. El otro aspecto a dilucidar es Bergoglio. ¿Quién es realmente? ¿Es la bestia negra que nos describe Página/12? ¿Es el santo que nos pinta ahora Clarín? ¿Es lo mismo Bergoglio que monseñor Héctor Aguer, por ejemplo? Conocer es, entre otras cosas, saber distinguir, y el kirchnerismo, convengamos, suele tener problemas con este ejercicio mental. Partamos de una certeza: Bergoglio es un sacerdote de la Iglesia católica apostólica romana. Lo que señalo puede parecer una perogrullada, pero muchos oficialistas en sus análisis parasen no tenerlo en cuenta. ¿Se le puede recriminar a un religioso de esta institución milenaria el oponerse a la despenalización del aborto o matrimonio homosexual? A veces no entiendo esa actitud progre anti-clerical de pretender que la Iglesia sea otra cosa de lo que es y siempre fue. Ya nadie nos obliga a ser católicos, ¡por suerte! El Gobierno debe seguir promoviendo políticas que avancen hacia una mayor separación entre Estado e Iglesia y amplíen las fronteras de los derechos civiles, lo que, inevitablemente, generará conflictos con el catolicismo. Pero estas tensiones no deberían ser impedimento de un trato prudente y respetuoso con los hombres de la Iglesia; una cosa no debería excluir la otra.

  10. Gracias por esta invitación a seguir reflexionando, Damián.

    Coincido con la distinción que hacés entre el electorado fundamentalista (ya sea K o antiK) y la mayoría volátil. Pero sigo preguntándome por la variable “Papa argentino” a mediano y largo plazo: ojo, no niego su peso mientras dure la euforia que, a todas luces, los grandes medios buscan prolongar. Simplemente me pregunto qué sucederá a medida que la realidad vaya alejándonos de la noticia bomba y se impongan variables más cercanas y cotidianas.

    Me lo pregunto realmente, ¿eh?, lejos de toda formalidad retórica.

    A título personal, también me pregunto quién es Bergoglio. Si bien no creo en el Vaticano como institución, sí creo en ciertos sacerdotes en tanto hombres con verdadero compromiso cristiano y verdadera vocación de servicio. Creo en ellos como en los abogados consecuentes con la metáfora de la Justicia ciega (proba y desinteresada) o en los médicos respetuosos del juramento hipocrático.

    Concretamente creo en -o me conmueve- un sacerdote como Eduardo de la Serna. Entiendo que nunca será ni remotamente papable ‘pero’ (o más bien ‘porque’) lo considero fiel exponente de esa otra Iglesia consecuente con el principal mandato cristiano (amor al prójimo) y dispuesta a militar o a evangelizar a favor de temas tan urticantes como el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto, la redistribución de las tierras, el fin del celibato en el clero.

    Es cierto que estos religiosos conforman una minoría desafortunada (recordemos los asesinatos de las monjas francesas, del padre Carlos Mugica, del obispo Angelelli, de los padres palotinos o las sanciones impuestas a De la Serna tras declararse a favor de los derechos LGTB). Pero su existencia me basta para evitar las generalizaciones (para “distinguir” retomando tus palabras) y para creer -tal vez ingenuamente- que otra iglesia es posible (por lo pronto existe: en los márgenes, pero existe).

    Volviendo a Bergoglio, no lo equiparo a tipos como Aguer o el difunto Quarracino pero tampoco lo siento parte de esta curia que me conmueve. Al margen de las acusaciones en relación con la dictadura y en torno a Yorio y Jalics, no terminan de cerrarme otras actitudes en tiempos de democracia. Por ejemplo, su negativa a recibir a las Abuelas de Plaza de Mayo, su silencio -cuando era arzobispo de Buenos Aires- ante las afrentas del capellán Christian Von Vernick (condenado por crímenes de lesa humanidad, se permite dar misa a represores en la cárcel), su apoyo al lock out del campo en 2008.

    Dicho esto, prefiero no aventurar demasiado. A lo sumo sí me permito decir que no siento orgullo nacional ni felicidad cristiana por la designación papal. En el mejor de los casos, prefiero ver qué sucede de aquí en más y desear que los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial sepan convivir de la mejor manera posible (a partir de la mayor lucidez y autonomía posibles) con el probablemente fortalecido lobby eclesiástico (de esa Iglesia que considero nefasta).

  11. La Iglesia puso todo su poder de lobby en los ùltimos años contra la ley de divorcio (llegò a movilizar a los alumnos de las escuelas primarias que controla)y perdiò. Contra los fallos que permitieron abortos en casos de violaciòn y tambièn perdiò. Igualmente perdiò las batallas por el matrimonio igualitario, por la despenalizaciòn de la marihuana, por la entrega de profilàcticos en las escuelas y la ley de procreaciòn responsable, por la educaciòn sexual, y asì todas.

    La ley de aborto en Argentina la frenò CFK porque ella no està de acuerdo ( click) , no porque le importe la presiòn de la Iglesia , a la que varias veces los kirchneristas trataron como a una agrupaciòn polìtica cualquiera, le sacaron el vicario castrense o le ningunearon el tedeum en la Catedral, sin consecuencias.

    Quiero decir que me parece que estamos pensando en una Iglesia con otro poder, con el poder que tal vez tenían en los 60 o 70, o con otros gobiernos. Dicen que Menem se juntò con Zulema antes de asumir porque le dijeron que sino tendrìa problemas con la Iglesia , en tanto divorciado. Sin embargo terminò divorciándose luego en el medio de un escándalo, y obviamente nada pasó.

    De La Serna y sus curas de Quilmes, Bergoglio, los pederastras yanquis, Grassi , la gente que va a misa los domingos (cada vez menos…), los sacerdotes que explotan redes de prostituciòn desde El Vaticano, todos esos son “La Iglesia” y me parece que tienen una crisis de credibilidad y unas tensiones internas y problemas judiciales que los pone muy lejos de poder influir demasiado ante gobiernos legales y legítimos.

    El ùltimo Papa renunciò porque no pudo soportar las presiones – segùn declarò èl mismo – asì que todavìa està por verse si este simpàtico muchacho de Flores puede enderezar la barca, antes de ponerle condiciones a nadie.

  12. María, yo también valoro el trabajo de esos sacerdotes con verdadero compromiso cristiano y genuina vocación de servicio, de cabezas abiertas y corazones generosos; pero esos sacerdotes, como vos bien percibís, no son la Iglesia, aunque formalmente ejerzan alguna función desde la periferia de la misma. Jorge Mario Bergolio sí es la Iglesia, en el sentido de que sí es un hombre del poder clerical, un “cuadro”, como le dijo Cristina al ahora papa Francisco en su reciente paso por el Vaticano. En consecuencia, creo que Bergolgio debe ser analizado en comparación con sus pares del ámbito eclesiástico, con esos otros “cuadros”, y no con los sacerdotes que la luchan día a día desde el barro, lejos del mármol y el oro. La curiosa igualación que Eugenio Raúl Zaffaroni hizo entre Bergoglio y Néstor Kirchner, al afirmar que “se parecen bastante”, me dejó pensando. Incluso se me ocurrieron ciertas coincidencias bastante agarradas de los pelos, como que los antecesores de ambos renunciaron y se fueron en helicóptero; o que vienen de lejos (el fin del mundo) a ocupar un lugar central del poder (Patagonia-Argentina / Argentina-Mundo), o que son poco afectos al cumplimiento de las normas protocolares. Pero más allá de estas pavadas, sí se me ocurre pensar que tal vez hay algo que los iguala enserio, y es posible que Zaffaroni lo haya insinuado indirectamente en su comparación: tanto Kirchner para la Argentina como Bergoglio para la Iglesia representan una opción de quiebre, de cambio, la opción más reformista posible que ambos sistemas de poder pueden soportar. Desde nuestra mirada particular de ciudadanos de izquierda (¡acabemos con el eufemismo “progresistas”!) es lógico que los antecedentes del papa Francisco nos parezcan poco halagüeños (125, matrimonio homosexual, etc.), pero si lo miramos teniendo en cuenta la estructura que integra, tal vez advirtamos que a la izquierda de él no hay nada, y es en este punto donde yo tengo mis cuotas de esperanza. Claro que lo que con Kirchner ya es una certeza, con Francisco todavía todo es una incógnita. El tiempo, como siempre, es el que dirá

  13. Jorge, comparto toda tu descripción sobre el estado de la Iglesia en la Argentina y el mundo. Creo que el nombramiento de un argentino como Papa inevitablemente fortalecerá al catolicismo en nuestro país, y en consecuencia aumentará su poder de lobby. Cuánto, no lo sé, habrá que ver. Por otra parte, los desplantes y ninguneos del kirchnerismo a Bergoglio hablan más del kirchnerismo que de Bergoglio. El Gobierno tiene un problema con los procederes, los modales. Puede parecer algo menor, pero cada vez me convenzo más de que no lo es. Me parece que en democracia es un error escindir el fondo de las formas. Saludos.

  14. En el Vaticano no hay nada a la izquierda de Bergoglio… Me quedo con esta observación, Damián, para aferrarme a una lejana esperanza de cambio. De paso también suscribo a reemplazar el eufemismo “progresista” por la expresión “de izquierda”. 😉

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