Excusas idiotas

Por Jorge Gómez
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En las últimas semanas, Mauricio Macri debió expulsar a los cuatro oficiales policiales de alto rango Jorge Palacios, Osvaldo Chamorro, Ciro James y Roberto Ontiveros tras probarse su responsabilidad en el armado de una red de espionaje ilegal. Es muy probable que el jefe de Gobierno de la Ciudad también despida de sus cargos al comisario Eduardo Orueta y a los ministros Guillermo Montenegro y Mariano Narodowski.

Al margen de esta decisión administrativa, el macrismo no asume ninguna culpa. En cambio sí le preocupa acusar al gobierno nacional de haber pretendido colonizar la administración porteña mediante el envío de espías: según cuentan, «plantaron» un equipo de gente preparada para hacer un seguimiento masivo (incluso de miembros de la familia Macri) y para luego dejarse descubrir con la intención de desprestigiar la gestión PRO

Decididamente, se trata de excusas estúpidas y absurdas que deberían enfurecernos. Pero parece que no son ofensivas para nosotros, ciudadanos acostumbrados a que cualquiera nos diga cualquier cosa.

Quizás por eso el cuento del espía no es exclusividad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. De hecho, los voceros del Poder Ejecutivo Nacional explican el caso de Antonini Wilson y su valija con argumentos similares: en realidad, el supuesto empresario venezolano es un agente que la CIA infiltró para dañar la relación entre su país y Argentina.

En este escándalo parece obvio que el susodicho ingresó a estas tierras dinero “negro” (US$ 800.000, para ser exactos) con algún fin que no debe revelarse y que compromete al gobierno de Cristina Fernández. Sin embargo, a los amigos kirchneristas les gusta creer que la Central Intelligence Agency armó un extravagante operativo sólo para dañar la unidad bolivariana.

En la misma línea, las señoras reunidas en peluquerías de Barrio Norte conjugan las críticas a la montonera bipolar y revanchista con expresiones de absoluta confianza en el ingeniero empresarial. Para ellas, la activación de un sistema de información ilegal es impensable en la mentalidad PRO; en cambio responde a maniobras propias del Tirano Patagónico que hace años envió a esos policías para conquistar y luego perjudicar al entorno de Macri.

Es posible que el fanatismo nos ciegue, o que seamos dueños de un cinismo capaz de  justificar cualquier canallada mientras los autores sean nuestros amigos. En cualquier caso, cuanto antes dejemos de repetir pavadas, mejor.