500 días con ella

Hubo un tiempo en que deconstruir la cronología de un relato, recrear escenas de otros films, parodiar el discurso mediático, dirigir la mirada del protagonista a cámara eran recursos propios de un cine innovador, transgresor según la ocasión. Desde este punto de vista, si se hubiera estrenado años (tal vez una década) atrás, 500 días con ella habría embobado a un público todavía sensible a la novedad. Hoy, en cambio, la película de Marc Webb dista de sorprender entre tantos antecedentes cuyos recursos -antes originales- ahora conforman una fórmula más.

La impresión de déjà vu aumenta cuando, a la oficialización de cierta norma indie, se le suma otra tendencia igualmente generalizada y por lo tanto palpable: la recreación de historias atentas a describir el (des)amor -la «monogamia serial» sostienen algunos- que viven las generaciones X, Y, Z.

La crónica fragmentada de las idas y vueltas que (des)vinculan a Tom y Summer recuerda inevitablemente el rompecabezas inimitable que Michel Gondry filmó para contar la intrincada historia de Joel y Clementine. El discurso entre autobiográfico y periodístico-documental parece inspirado en el testimonio de Jane para la olvidada Alguien como tú. El final con mirada cómplice a propósito de una posible segunda oportunidad remite al jueguito de cejas que hace Heck al término de Imagínanos juntas.

Hasta las intervenciones de una hermana menor más sabia o sensata que cualquier adulto tienen su antecedente: curiosamente, también en la mencionada comedia británica. Y, por supuesto, el baile montado en honor a la felicidad del primer encuentro sexual le rinde homenaje a todo un género dedicado a explotar el amor en términos musicales y coreográficos.

Los espectadores capaces de ignorar tantas coincidencias encontrarán en 500 días con ella una película entretenida, bien editada y actuada (a Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel sus personajes les sientan muy bien, mucho mejor que el Richie de El ave negra y la Allison de ¡Sí señor! respectivamente). También valorarán la importancia asignada a una banda sonora compuesta por hits tan entrañables como «She´s like the wind» entonado por el difunto Patrick Swayze y tan cool como «Quelqu’un m’a dit» de Carla Bruni.

Los memoriosos, en cambio, extrañamos con nostalgia aquella época en que deconstruir la cronología de un relato, recrear escenas de otras películas, parodiar el discurso mediático, dirigir la mirada del protagonista a cámara eran garantía de verdadera innovación.