El solista

El solista, de Joe WrightLos productores de El solista deben haber elegido a Joe Wright por el éxito de taquilla que obtuvieron sus versiones de Orgullo y prejuicio y Expiación, deseo, pecado. Sin embargo, quizás porque al periodista Steve López le falta el vuelo de los escritores Jane Austen e Ian McEwan, esta tercera adaptación cinematográfica de una novela dista de ser el mejor trabajo del director inglés, cada vez más influenciado por Hollywood.

Como sus dos antecesoras, la película aquí comentada también es un folletín. La diferencia es que éste es un folletín basado en un hecho real, fórmula que el público y los críticos estadounidenses (incluidos quienes votan para la entrega de los premios Oscar) suelen adorar y que algunos espectadores solemos detestar.

A esta altura la historia sobre el descubrimiento de un genio desaprovechado, más o menos indigente, dejó de ser original. De hecho, ya conocemos el drama de otros talentos marginales como Parry en un extremo y Will en otro, productos de la pura ficción o de cierta mezcla con la realidad.

A El solista no le falta nada: aleccionamiento sobre la importancia de los afectos, en especial sobre la función reparadora de la amistad; denuncia contra el oportunismo político y periodístico, contra un sistema insensible (afecto a la represión y a los despidos), contra las intenciones evangelizadoras de algunos espíritus religiosos; uno o dos tiros por elevación contra el gobernador Arnold Schwarzenegger; reivindicación de valores humanos como el compromiso social, el perdón, la capacidad de volver a empezar.

De yapa, el film le rinde homenaje a Ludwig van Beethoven. En este punto, cabe señalar que lo mejor de esta propuesta es la banda sonora y lo peor, el despliegue de haces luminosos que permiten «visualizar» (con perdón del horrible neologismo) lo que pasa por la cabeza de Nathaniel Ayers cuando escucha a su compositor favorito en un concierto.

También irrita la omnipresencia de las famosas barras y estrellas a lo largo de toda la película. No sólo en las infaltables banderas y banderitas sino también en la ropa y en un sombrero que usa el co-protagonista mencionado.

Por más esfuerzos que hagan, Jamie Foxx, Robert Downey Jr. y la siempre relegada a papeles secundarios Catherine Keener no convencen; mucho menos conmueven. Al menos quien suscribe tiene la sensación de haber visto a los actores, nunca a los personajes que les tocó encarnar.

Los seguidores de True blood tendrán el gusto de reencontrarse con dos integrantes del elenco a cargo de la serie televisiva: Nelsan «Lafayette» Ellis y Stephen «vampiro asesinado» Root. Los fanáticos de Piratas del Caribe reconocerán al malvado Lord Cutler Beckett (Tom Hollander en la vida real).

Difícilmente el resto de los espectadores se sorprenda con algo. Será porque este largometraje sentencioso y lleno de lugares comunes convierte el drama de un músico esquizofrénico en otra «lección de vida» del montón.