6, 7, 8. Dos oportunidades perdidas

Por Jorge Gómez
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Los actores involucrados: 678, LN, Pagni, Oliván, Russo y Czudnowsky El pasado 13 de octubre, el programa 6,7,8 o 678 de Canal 7 emitió un video que presuntamente prueba que el periodista de La Nación Carlos Pagni recibió dinero por montar una operación de prensa contra Repsol-YPF. La filmación es anónima y carece de la ficha técnica que registra toda edición seria. En otras palabras, faltan los requisitos mínimos que deberían respaldar tamaña acusación.

Quienes emitieron el material durante dos días seguidos por la televisión pública no pueden eludir responsabilidades argumentando que estuvieron en desacuerdo con la difusión de lo que muestra esta cámara oculta. Sin embargo, así lo hicieron Sandra Russo, María Julia Oliván, Carla Czudnowsky y Luciano Galende que -en pleno aire- terminaron transfiriéndole la culpa a Diego Gvirtz, productor del programa.

No es nuestra intención sumarnos al coro integrado por la mayoría de los medios que, por terror a estar en la picota, ya calificaron la operación como una canallada. En cambio, sí nos interesa preguntarnos porqué gente con una buena trayectoria se convirtió en vocera acrítica del Gobierno y, claramente en este caso, abandonó el ejercicio periodístico.

Tomando el video trucho como indicio, un periodista de investigación podría haber solicitado la opinión de Repsol-YPF y haberla confrontado con las notas que Pagni le dedicó al tema en un período acotado. De este modo habría descubierto que, en diez meses, Pagni publicó once artículos sobre Repsol-YPF en La Nación: varios con información falsa, siempre a partir de una mirada crítica sobre la posición de la familia Eskenazy en la compañía, sin nunca haber chequeado datos con fuentes de la empresa. 

Leyendo el diario y llamando a la petrolera, cualquiera habría podido reunir los elementos necesarios para presentar una hipótesis razonable sobre una operación de prensa montada a favor de algún grupo hostil a los Eskenazy. También podría haber puesto el foco sobre las severas inexactitudes y la falta de fuentes comprobables que caracterizaron la serie de once notas publicadas en diez meses (y que el propio Pagni reconoció en parte).

En cambio, y en contra de un ejercicio periodístico riguroso y responsable, personajes serios como algunos panelistas del programa mencionado adoptaron una especie de ultrakirchnerismo explícito que los puso a ellos en el lugar de los malvados y al editorialista de La Nación en el sitio de la víctima. En el fragor de las sucias batallas de estos tiempos, sus formas fueron tan groseras que nos impidieron conocer el fondo de la cuestión.

Perdimos entonces dos oportunidades: por un lado, la ocasión de descubrir algo sobre las tan comentadas “campañas de prensa”; por otro lado, el placer de ver a periodistas de prestigio (Sandra Russo, María Julia Oliván) ejerciendo su profesión ajenas a estúpidas maniobras de propaganda política.

Dadas estas circunstancias, nada sabremos sobre las verdaderas motivaciones de Pagni. Paradójicamente, el equipo que pretende hacer de 6, 7, 8 o 678 un espacio alternativo terminó al servicio de una TVR kirchnerista previsible, aburrida, monocorde y funcional a la imagen de ese periodismo oficialista que los grandes medios dicen combatir en nombre de la prensa independiente.