Cambio de rumbo

Pasaron casi diez meses desde la publicación de aquel post sobre la comezón grupal. En efecto, apenas empezaba 2009 cuando Espectadores anunció la decisión de apostar a la aventura de una autoría compartida, en este caso por los cuatro integrantes de un novísimo y «fantástico» staff.

Hoy dos de ellos –Ana y Ariel- anuncian su alejamiento o, dicho de una manera menos drástica, un cambio de rumbo que los libera del compromiso de publicación periódica y que les permite mantener el vínculo con este blog desde la colaboración ocasional, el comentario frecuente, la lectura fiel.

A continuación, ellos lo cuentan mejor…

Ana Padovani se despide de Espectadores por un tiempito.

Hasta luego
En enero de este año, tomé la oportunidad de colaborar en Espectadores como un desafío a mí misma. El prestigio del blog me hacía dudar (¿mis textos estarían a la altura de los que se publican acá?), pero la propuesta colectiva y las ganas de participar pudieron más.
Tal vez, sí… ¡Me juego!

Mis posts sobre programas de televisión y alguna que otra película se colaban entre las reseñas perfectas de La spectatrice, el oído musical de Ariel y las preguntas de Adivinador del Pasado. Mientras el trajín del mundo real me lo permitió, mi estancia en el mundo virtual fue placentera: aquí encontré personas interesantes que de ninguna otra manera habría conocido y a ellos les agradezco por haber creído en mí.

Pero una sumatoria de horarios conflictivos, tareas interminables e ideas que decantan (después de rondar meses por mi mente) me llevaron a tomar la decisión de dar un paso al costado de este espacio que La spectatrice creó con tanto placer.

Seguiré comentando y colaborando en ocasiones con textos sobre mis pasiones: la tele, las series, programas de ésta y otras épocas. Como sé con certeza que siempre van a recibirme con los brazos abiertos, sólo digo:

«¡Hasta luego!»

Ariel

Guardando el traje de superhéroe en el placard
Conozco a La spectatrice desde los tiempos en que homenajeaba a los inventores del cinematógrafo (se hacía llamar “Hermana Lumière”) y escribía en Celuloide junto a Lara Croft. Empecé a frecuentar su espacio como lo hace todo lector de blogs: comentando.

Un buen día nos anunció que dejaba ese primer emprendimiento para comenzar uno nuevo en solitario. Seguí leyéndola y comentando sus artículos en Cinestesia, hasta que un día quise entrar y no pude.

Durante un largo período le perdí el rastro pero tiempo después, googleando, la encontré despuntando el vicio nuevamente, esta vez desde Espectadores, estrenando seudónimo y escribiendo no sólo sobre cine sino sobre todo aquello que la vista y los oídos pudieran percibir.

La descubrí admiradora del dibujante Rep, entonces se me ocurrió mandarle una entrevista que le había hecho al humorista gráfico. Ella la aprobó y la publicó a los pocos días. Enseguida vino la propuesta: colaborar de manera informal con artículos para el blog.

En la cabeza inquieta y curiosa de La spectatrice, ya rondaba la idea de ensayar una versión colectiva de Espectadores gracias al aporte de gente que ella consideraba valiosa, capaz de enriquecer el blog. Tuve la suerte y el desafío de ser una de esas personas; recuerdo la emoción que sentí cuando el proyecto estaba por ver la luz y «los cuatro fantásticos» estábamos por salir a escena.

Admito que me costó, y sigue costando hasta hoy, mantener el ritmo de la colaboración regular: La spectatrice lo sabe bien. No es por falta de ganas (de hecho no quiero abandonar la oportunidad que María me/nos brindó tan generosamente). Seguramente sea por falta de ideas que me inspiren a redactar con frecuencia.

Por eso decido sacarme el traje de superhéroe, y dejar de ser uno de los autores «fantásticos». Esto no significa que abandono este blog; sólo que me quedo como colaborador ocasional, y no como miembro de un staff.

A Jorge, a Ana, a los lectores cautivos y ocasionales, pero por sobre todo a María, muchas gracias.