Las flores del cerezo

Kirschblüten - Hanami es el título originalNueve años después de Sabiduría garantizada, Doris Dörrie vuelve a filmar en Japón. La excusa: contar el último tramo del viaje que los esposos Trudi y Rudi Angermeier emprenden de manera más o menos improvisada para, sin tomar conciencia real, despedirse de la vida. Las posibles razones: expresar admiración por la cultura nipona (¿también por el cineasta Yasujiro Ozu?) y abordar -tal vez calmar- la incertidumbre y angustia que provocan cuestiones tan inasibles como el amor (marital, filial), la vejez, la muerte.

De una manera más nostálgica y profunda, la realizadora alemana reedita la travesía de los hermanos Uwe y Gustav que contó en 1999. Ahora los protagonistas de Las flores del cerezo son marido y mujer, mayores, y el motivo del traslado es más oscuro que la simple necesidad de cambio.

La crítica especializada se encargó de explicar el homenaje que Dörrie le dedica a Una historia en Tokio del mencionado Ozu. Quien suscribe se permite señalar otro fenómeno de intertextualidad cinematográfica: aunque cueste creerlo, ciertas coincidencias con Up.

De hecho, así como en la última animación de Pixar el Sr. Fredricksen parte en busca de unas cascadas perdidas en Latinoamérica para cumplir un viejo sueño de su esposa, Rudi viaja a la capital japonesa con una intención similar. El primero termina compartiendo la aventura con un niño abandónico; el segundo lo hace con una joven huérfana. El primero se encariña con un pájaro exótico, especie en extinción; el segundo se aferra a la energía expresiva, vincular, reparadora del butoh, danza ancestral.

Por supuesto, la propuesta de Dörrie es irreductible a un cuento infantil. No obstante, las similitudes entre ambos trabajos sugieren la existencia de un vacío que los habitantes del Primer Mundo occidental sólo parecen llenar cuando visitan otras tierras, cuando descubren otras culturas.

Las flores del cerezo es un film honesto, conmovedor, bello, casi-casi irreprochable. El mérito es de una cineasta que nunca defrauda a sus seguidores, de un elenco sólido (donde se destacan Elmar Wepper, Hannelore Elsner y Aya Irizuki) y del fotógrafo Hanno Lentz.