Bienvenidos al país de la locura

Bienvenidos al país de la locura«Petit à petit, l’oiseau fait son nid” o “poco a poco, el pájaro hace su nido”… El dicho francés ilustra a la perfección la carrera de Dany Boon, comediante galo que los cinéfilos argentinos descubrimos cuando encarnó al envidioso (y secundario) Richard en Mi otro yo, que reconocimos cuando compartió protagonismo con Daniel Auteuil en Mi mejor amigo, y que ahora aplaudimos por su desempeño como guionista, director y actor en la recién estrenada Bienvenidos al país de la locura.

Algunos habrán temido que este éxito de taquilla en su país de origen resultara un gran chasco en el extranjero. Después de todo, el público internacional no necesariamente está al tanto de las internas regionales que rigen en el hexágono europeo, y difícilmente conozca la (mala) fama que estigmatiza a los habitantes del norte.

Sin embargo, el indiscutible color local no convierte al largometraje en algo críptico. Al contar su relato -o rendir su homenaje- desde la mirada, la ignorancia y los prejuicios del «sureño» Philippe Abrams (el muy gracioso Kad Merad), Boon logra que los espectadores nos identifiquemos con quien se siente sapo de otro pozo en su propia tierra.

Por otra parte, Bienvenidos al país de la locura cumple con algunas reglas de género que los amantes del cine comercial saben disfrutar. Quizás porque el amor es un idioma universal, la subtrama romántica asegura el despliegue de gags que la mayoría recuerda e incluso espera (happy end incluido).

Claro que, justamente por archi-conocida, ésa es la parte menos entretenida… La más divertida, en cambio, es aquélla dedicada al choque cultural e idiomático (con el dialecto ch’ti) y a lo que los seres humanos hacemos con los prejuicios, y lo que los prejuicios hacen de nosotros.

En Francia, este largometraje no sólo causó sensación (al parecer, conquistó a 20 millones de espectadores, a 5,5 millones de televidentes y vendió 3 millones de DVD) sino también polémica (en febrero pasado, Boon amenazó con faltar a la ceremonia de los César porque las autoridades responsables siempre le negaron una categoría a la comedia y, dada esta restricción, Bienvenidos… consiguió una única nominación, para el premio al mejor guión).

Por razones obvias, tanta euforia quedó circunscripta al territorio galo. Al menos en Argentina, nos limitamos a combinar un cálido recibimiento con el debido aplauso a un actor en indiscutible ascenso… y con nido propio.