Cous cous

Cous cousEl grano y la mula se llama la película que en Argentina se estrenó como Cous cous, la gran cena y que -en honor a un título original con reminiscencias de fábula- retrata una sociedad (o varias) a partir de un relato anclado en la más cruda realidad. De hecho, la historia del jubilado Slimane Beiji bien puede ser la de algún otro inmigrante del Tercer Mundo (en este caso, de Túnez) instalado hace décadas en el Primero (en este caso, Francia) y condenado a la condición de extranjero eterno y por lo tanto a una ciudadanía de segunda categoría.   

El largometraje de Abdel Kechiche nos sumerge en el juego de encastre que implica la pertenencia a dos comunidades: aquélla de la cual se proviene y aquélla donde se llega, se procrea, se envejece. La primera aparece en escena a partir, no sólo del origen magrebí de la mayoría de los personajes, sino de una manera de filmar (verborrágica, impetuosa, informal). La segunda se manifiesta en la conciencia sindical de Karima y en la representación del funcionario galo encarnado en la empleada de la aduana, en el viceintendente de la ciudad de Sète, en la analista de préstamos bancarios.

Cous cous se encuentra en las antípodas del cine gastronómico-pintoresco y de las comedias románticas interculturales como la recién estrenada Mi vida en Grecia. Por un lado prescinde de los estereotipos idiosincráticos; por otro lado evita esconder o relativizar los daños del fenómeno globalizador.

Al contrario, la propuesta de Kechiche denuncia la vigencia de un sistema especializado en perjudicar a los ya desfavorecidos por las circunstancias, incluso en matarlos cuando lo confrontan o desafían. La solidaridad aparece entonces como erradicada de la red social y en cambio circunscripta al ámbito familiar (aún cuando la familia esté lejos de ser una panacea).

La parquedad de Slimane remite a la resistencia pasiva de sus compatriotas y congéneres y la determinación de Rym, a la fortaleza de los jóvenes que se reconocen dispuestos a heredar la posta de sus mayores desde un lugar menos extraño/extranjero. No obstante, pese a las interpretaciones sociopolíticas que pueda despertar, La graine et le mulet no cae en el panfleto ni en la ponencia intelectual.

De hecho, la historia del tunecino que en Francia supo trabajar en un desarmadero de barcos viejos conmueve (entristece) como esas fábulas universales aplicables a todos los mortales, o al menos a quienes padecen circunstancias similares y son sensibles a la enseñanza final.