Las viudas de los jueves

Tapa del libro de Claudia PiñeiroDesde la adaptación cinematográfica que se estrenó a mediados de septiembre, Las viudas de los jueves recupera su condición de best seller en las librerías argentinas. La novela que Claudia Piñeiro publicó hace cuatro años intriga a quienes vimos el film de Marcelo Piñeyro y a quienes simplemente se dejaron llevar por una campaña de promoción insistente y multimediática (tan multimediática que alguien también aprovechó la veta online para acusar, difamar, desprestigiar).

Sin ánimo de detenernos en las diferencias/semejanzas entre novela y película, bien podemos decir que la primera le gana -de lejos- a la segunda. Por lo visto (y leído), 300 páginas tienen más capacidad narrativa que dos horas de fotogramas; quizás por eso el largometraje termina excluyendo o fusionando personajes y anécdotas.

Piñeiro describe la conducta y mentalidad de los nuevos ricos que en los menemísimos ’90 escaparon de la ciudad de Buenos Aires y se mudaron a barrios privados situados en las afueras. La misteriosa muerte de tres integrantes del country Alto de las Cascadas le sirve de señuelo para pescar un público sensible a la intriga policial y poco afecto al retrato social.

La estrategia parece atinada. Así lo sugieren el buen posicionamiento en el ranking librero y la curiosa constatación de que -en el subte, en el tren, en librerías, en nuestro entorno- mujeres del corte de Teresa, Carmen, Lala, Mariana devoran el libro con total fruición, sin indicios de sentirse aludidas. 

Siempre desde la ficción, la autora explota la veta testimonial a partir de una narración coral en primera persona y de la mención de sucesos de público conocimiento (recordemos que gran parte del relato transcurre en plena crisis económico-institucional de 2001). En cuestión de páginas, la introducción al estilo Agatha Christie cede paso a una suerte de diario íntimo de la burguesía argentina, al menos de una parte específica.

Los principales representantes de este espectro social parecen inspirados en ciertos estereotipos: entre otros, la esposa alcohólica engañada por el marido; la madre adoptiva incapaz de querer a su hija adoptada; el marido golpeador y su mujer sumisa; el matrimonio en principio exitoso. Por eso las páginas más disfrutables son aquéllas dedicadas a los personajes secundarios, por ejemplo a la señora mayor empecinada en identificar judíos conversos (o solapados), a la mucama ansiosa por heredar una remera de su patrona, a la directora de escuela preocupada por la integridad moral de sus alumnos, a la profesora de dibujo que vende sus cuadros como obras de arte.

Si bien les dedica párrafos enteros al Tano, Gustavo, Ronie, Martín, Alfredo, Piñeiro pone su voz a disposición de las protagonistas mujeres. Probablemente esto también explique el éxito conseguido entre las Teresa, Carmen, Lala, Mariana que encontramos en nuestro entorno social/laboral/familiar.   

Como la mayoría de los best seller, Las viudas de los jueves admite la lectura rápida, en parte porque su prosa es amena y en parte porque sus señuelos surten efecto. En cambio, quienes disfrutan de la práctica de leer entre líneas se sentirán defraudados por un libro cuyas verdaderas intenciones están a flor de página… aún cuando algunas lectoras elijan ignorarlas.

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Aquí, la reseña sobre la película.