Suicidio a la francesa

A raíz de los suicidios que cometieron 24 empleados de France Telecom, el blog francés y colectivo Agoravox publicó los chistes que ilustran este post, y cuyo cinismo revela el malestar de una sociedad sacudida por un fenómeno irreductible al argumento de simple (y trágica) coincidencia. Valère y Troud son los autores de los tres dibujos que juegan con una expresión, una situación y una inscripción histórica trístemente célebre.      

En el primero, la leyenda «trabajar más para morir más» parodia la consabida frase «trabajar más para ganar más». El segundo recrea una entrevista en una agencia laboral, e imagina el desafortunado anuncio de la detectora de vacantes: «¡Ah! ¡¡¡Veo que justo se liberó otro puesto en France Telecom!!!».

El tercer chiste es el más amargo de todos. Por las dudas, cabe recordar que «Arbeit macht frei» es la frase que los nazis inscribían en la entrada de los campos de concentración, y que significa «el trabajo nos hace libres».

Los dibujos de Valère y Troud, publicados por AgoravoxEn términos geográficos y culturales, los argentinos nos sentimos más cerca de los franceses que de los japoneses. Si el «suicidio corporativo» se hubiera producido en alguna empresa nipona, lo habríamos explicado a partir de ese culto a la honorabilidad que, tal vez por encontrarnos en las antípodas, entendemos tan poco y juzgamos/burlamos tanto. Pero el problema es que los descendientes de Astérix se parecen más a nosotros; por lo tanto el abismo idiosincrático deja de ser un argumento tranquilizador.

La atención mezquina que los medios nacionales le prestan a lo ocurrido en France Telecom responde en parte a esta imposibilidad de reducir los sucesos lamentables a una curiosidad del crisol de razas que pueblan este planeta y de la que, con suerte, Dios nos libra y nos guarda. El fenómeno trasciende como hecho particular y no como síntoma de una realidad generalizada (al menos en las sociedades subscriptas al sistema neoliberal).

Los franceses no son afectos al harakiri ni adhieren a la práctica de «vivir para trabajar» y, en general, son muy conscientes de sus derechos ciudadanos y laborales. En parte por eso la actividad sindical/gremial resiste los avances del nuevo orden económico que ya adoptaron los demás integrantes de la Unión Europea, y que tanto seduce al actual Presidente de la Nación, Nicolas Sarkozy.

Habituados a la protección de un Estado benefactor que se constituyó después de la Segunda Guerra Mundial y que se mantuvo intacto hasta el segundo mandato de François Mitterrand, los galos tardaron en padecer los gajes del tsunami privatizador, y en sentir la cercanía del capitalismo que algunos llaman «salvaje». La burbuja se les pinchó progresivamente en la última década y, sobre todo desde la administración del esposo de Carla Bruni, sienten que pierden pie en terreno incierto, pantanoso.  

La reestructuración económico-corporativa emprendida en Francia es menos brutal que la que implementaron naciones como Inglaterra o los Estados Unidos (en el Primer Mundo) y Argentina (en una periferia resignada a los coletazos de la globalización). Sin embargo, la sensación de vulnerabilidad es mayor en el hexágono; de ahí que el suicidio colectivo tenga lugar en ese país (y no, por ejemplo, en Japón) y en una empresa cuya trayectoria refleja la de un Estado antes (omni)presente, ahora en peligro de extinción.

Dadas estas circunstancias, no debería sorprender que el humor (negro) se convierta en alternativa para la catarsis y la (amarga) reflexión.
 
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PD. En un post publicado hace dos años, retomábamos las palabras del amigo Erase para referirnos al mobbing como un «nuevo cáncer del siglo XXI». Si en ese entonces alguien encontró la metáfora exagerada, ¿podrá ahora -ante los suicidios aquí comentados- reconsiderar su opinión?