Oblogo. Entre el elogio y la duda

Tapa de la semana del 5 de octubreLa conocemos y eventualmente leemos los porteños que, los días laborales a eso de las 18hs, andamos cerca de alguna terminal de subtes, trenes, colectivos. Desde mayo pasado, el pequeño semanario Oblogo se distribuye gratis en estos y otros puntos de la Ciudad de Buenos Aires con el fin de «difundir las nuevas voces y opiniones que resuenan en Internet y hacer más agradable el regreso a casa«. En sus 16 páginas encontramos escritos extraídos de distintos blogs, frases graciosas de famosos o sin firma (que se publican en el borde superior de las páginas, como hacía la revista Humor) y dos o tres avisos publicitarios.

Según este informe, el emprendimiento a cargo de Gerardo Garbulsky y Sonia y Gustavo Faigenbaum consiste en la impresión (semanal) de 15.000 ejemplares y en la actualización (a la par) del sitio oficial. En principio, la tirada inicial irá aumentando con miras a «una cobertura que llegue a todo el país».

La revista se destaca por cuatro virtudes: 1) sabe elegir contenido ocurrente, ameno, bien escrito; 2) al pie de cada texto especifica la fuente y, en alguno de los márgenes, transcribe dos o tres comentarios publicados en el post original; 3) apela a la participación de los lectores (para que recomienden material, incluso para que hagan su propio Oblogo); 4) presenta un diseño cuidado, con sentido de la estética y papel ilustración de calidad.

Recién después del elogio, surge(n) la(s) siguiente(s) duda(s): ¿qué porcentaje del ingreso por publicidad cobran los bloggers cuyos textos son publicados? ¿O acaso se les paga algún monto fijo, independiente de los espacios que Garbulsky y Faigenbaum venden para uso comercial?

Con mucha suerte, el dinero que entra por esta vía apenas servirá para financiar la tirada de 15.000 ejemplares. Por otra parte, si pensamos en términos de promoción, los bloggers deberíamos limitarnos a agradecer la existencia de un proyecto que nos favorece sin cobrarnos nada, que se muestra atento a nuestra producción y que respeta nuestra propiedad intelectual hasta cierto punto (en tanto y en cuanto cita fuentes).

Aún así, sigue pareciendo injusto que este emprendimiento con fines de lucro incumpla con la retribución económica que, por copyright, deberían cobrar los dueños de las «nuevas voces e ideas» difundidas. En este sentido, los responsables de Oblogo dejan de respetar la propiedad intelectual ajena.

La transgresión se evidencia más cuando sospechamos que los posts transcriptos se publican sin previo consentimiento de sus autores y, de darse el caso, cuando los blogs citados adhieren a esta licencia de Creative Commons que los protege de la explotación comercial por parte de terceros.

Si estas especulaciones tienen asidero, es decir, si en efecto Oblogo publica textos ajenos sin la debida autorización de sus autores y sin pagarles lo que corresponde (a menos que admitan la condición ad honorem), entonces volvemos a constatar cuán subestimada y vulnerable está (o sigue estando) la propiedad intelectual en Argentina y en otros países donde circulan semanarios similares. Una pena para quienes -que se entienda bien- creemos en la circulación libre de las «nuevas voces e ideas» y nos negamos a lucrar (y a que lucren) con lo que publicamos en la porción web que supimos construir.  

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PD. Es posible que, atentos a la actualización de la blogósfera, los creadores de Oblogo detecten la publicación de este post de Espectadores. De ser así, ojalá tengan a bien aceptar los elogios, y de paso despejar las dudas.