Sobre la (verdadera) libertad de conciencia (periodística)

Por Jorge Gómez
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¡El ejercicio periodístico no está libre de presiones!En Espectadores ya alertamos sobre los graves riesgos que corre la información pública cuando, por miedo o irresponsabilidad, los periodistas mantienen silencio sobre las presiones que ejercen los administradores de los medios. Las tres anécdotas registradas en estas últimas semanas y transcriptas a continuación nos sugieren insistir en el llamado de atención.

Anécdota 1
En el periódico Perfil del viernes 4 de septiembre, el periodista Alfredo Leuco cuenta que a mediados de 2006 el empresario Daniel Vila –propietario del canal América, junto a José Luis Manzano y Francisco De Narváez– censuró brutalmente el programa Fuego cruzado.

“Hijo de puta, comprate un canal si querés hacer periodismo”, me dijo a los gritos y por teléfono Daniel Vila un día antes de que se emitiera el último programa de Fuego cruzado, que yo coconducía con Marcelo Longobardi por América TV.

Fue la última vez que hablé con él. Se negaba a que emitiéramos un informe riguroso (que guardo en mi archivo con orgullo) precisamente sobre el origen, la ruta y el destino incierto de los tristemente fondos de Santa Cruz. “Esa investigación no va”, me dijeron a dúo Vila y su comisario político Román Lejtman, delegado por entonces de Alberto Fernández y Enrique Albistur en el canal.

“Si no va el informe de los fondos de Santa Cruz, yo no voy el domingo a hacer el programa”, contesté absolutamente asqueado por las presiones brutales que ya veníamos recibiendo diariamente durante meses y que, curiosamente, Vila recordó como un adalid de la libertad de prensa en su discurso.

“Me querés extorsionar, hijo de puta. Querés que yo quede como un censurador y vos como un ídolo. Ahora te ordeno que vengas y hagas el programa”, dijo antes de cortar la comunicación.

Hice el último programa solo. Nerviosamente, dije varias cosas entre líneas porque confieso que tuve temor. A la respuesta violenta de Daniel Vila que tiene un par de causas en la Justicia por sus reacciones contra dos periodistas, y a que el resto de los empresarios periodísticos no me diera trabajo porque una parte importante en ese momento jugaba para Kirchner por terror o conveniencia.

En su relato, el periodista censurado deja bien en claro que no pudo decidir su línea editorial, y que ocultó los motivos del levantamiento del programa por miedo a la reacción de una parte importante de los empresarios periodísticos que “en ese momento jugaba(n) para Kirchner por terror o conveniencia”. Sin embargo, aunque su comentario apunta principalmente contra Daniel Vila, los lectores también podemos imaginar que -ahora mismo- Leuco también está sometido a presiones que no se atreve a denunciar.

Anécdota 2
En un comunicado con fecha del lunes 31 de agosto, el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) hace pública su preocupación por la “violencia creciente en las redacciones” a raíz de los debates sobre el Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y reclama la aplicación de una cláusula de libertad de conciencia para los periodistas.

Naturalmente estamos de acuerdo con el reclamo de la entidad. Pero sobre todo festejamos que ¡por fin! se reconozca la existencia de “obstáculos para el desarrollo de la libertad de opinión”, vinculados a “los intereses económicos de las empresas periodísticas, la dependencia de la publicidad oficial en una gran cantidad de medios y el rol activo de periodistas/funcionarios en el control de la información en medios estatales”.

Anécdota 3
El lunes 14 de septiembre a las 17:24, María O’ Donnell, Carlos Ulanovsky y Fernanda Iglesias hablan de las querellas por calumnias e injurias en el programa A la Vuelta, por Radio Continental.

– Fernanda Iglesias: A mí por mi trabajo en Clarín me llegaron un par de demandas de artistas que se sintieron afectados por mis notas, pero no pasó nada. El diario tomó represalias. Cuando es un medio importante como Clarín, no pasa nada.
– O’ Donnell: ¿Cómo represalias?
– Fernanda Iglesias: Claro, el diario decidió dejar de nombrarlos, de hacerles notas. Y listo, se calmaron.
– Ulanovsky: No puedo creer lo que estás contando…

Si los empleados de los medios de comunicación niegan o mienten sobre las presiones (editoriales, comerciales, lobbísticas) que condicionan su trabajo, entonces el debate en torno al ejercicio periodístico se convierte en una actividad estéril. Por eso, en estos días de tanta violencia desatada a partir de la presentación del proyecto de una nueva Ley de Radiodifusión, lo mejor que pueden hacer los hombres y mujeres de prensa es contar la verdad que, de una vez por todas, destierre el mito de la independencia y la objetividad.