Espectadores del mañana

Espectador niño hoy; adulto mañanaUna cosa es ver una película para niños entre adultos; otra cosa es ver una película para niños al lado de niños (pequeños) en el seno del hogar. Por ejemplo, las opiniones que en Espectadores intercambiamos sobre Up, Ratatouille, WALL.E, Lo que el agua se llevó difícilmente coincidan con lo que podamos recoger a partir de una mirada influida (¿perturbada?) por los comentarios y demás reacciones del público selecto que nos acompaña.

Alguien querrá invalidar esta «experiencia infantil» (por llamarla de alguna manera), aduciendo que las interrupciones provocadas por estos mini-espectadores con atención deficitaria nos impiden mirar de una manera analítica, ¿objetiva?, medianamente lúcida o crítica.

¡Craso error! Las distracciones que desvían nuestra atención cinéfila resultan inocuas gracias al rito -de nuevo infantil- de repetir hasta el hartazgo la proyección de una misma película. Así, podemos ver en otra(s) oportunidad(es) la(s) escena(s) que nos perdimos la primera vez. Así terminamos memorizando el film en cuestión, sin que ningún detalle nos pase desapercibido.

Pixar trabaja con un amplio abanico de personajes.Vemos Bichos junto a niños en el seno del hogar, y en ningún momento se nos ocurre recordar que esta producción de Pixar ya cumplió once años (y eso que percibimos el paso del tiempo en un producto alejado de las nuevas tecnologías 2 y 3D); tampoco intentamos imaginar las voces de Kevin Spacey, Dave Foley y Julia Louis-Dreyfus (la vieja Christine) en las anatomías de Hopper, Flik y Atta (y eso que satura el doblaje a ese castellano que consideran «neutro»). En cambio sí somos sensibles a la verborragia de los personajes y a ese afán por explicar más de la cuenta.

Sin ánimo de agitar teorías conspirativas, algunos sospechamos que las «películas industriales para niños» (por llamarlas de alguna manera) buscan formar al espectador del mañana. Me refiero a ese individuo acostumbrado a lidiar con historias pre-digeridas donde sobran parlamentos (enseñanzas en particular), donde hay poco espacio para las interpretaciones libres, donde los estereotipos se encuentran al servicio de un ideal de felicidad y éxito íntimamente emparentados.

Mucho se dijo sobre el objetivo de conquistar a los adultos cuyo poder adquisitivo se convierte en foco de interés de los adalides del marketing cinematográfico y televisivo. Si retomamos la idea del párrafo anterior, bien vale preguntarnos cuán fácil resultará captar la atención (y el bolsillo) de las generaciones que desde temprana edad son víctimas del merchandising generado alrededor de largo/cortometrajes confeccionados más o menos con la misma tijera.

Alguien dirá que los mayores también vivimos una infancia plagada de producciones de Disney por ejemplo. Es cierto. Pero nunca sufrimos un acoso tan grande; la mayoría no tuvimos las películas al alcance de la mano; por lo tanto nunca pudimos verlas hasta rayar el disco de nuestra memoria.

Tampoco conocimos las bondades de los bonus tracks, es decir, de los cortos que acompañan a los largometrajes hechos DVD. También producidos por Pixar, La luz fantasma, Pajaritos, Tin toy, Knick knack, Lifted y el más reciente Partly cloudly tienen un noséqué capaz de resistir no sólo el paso del tiempo sino los gajes del rewind (es como ese sabor dulzón del fast food, que a veces se vuelve adictivo y en cambio rara vez termina causando rechazo).

Autos, animales, insectos, extraterrestres, juguetes, monstruos, superhéroes entre otros conforman el vasto espectro de personajes que la mega empresa de animación explota en su cadena de producción. Sin embargo, esta variedad no disipa -menos elimina- la sensación de uniformidad estética, a veces incluso temática, en quienes vimos joyas como ésta o éstas.

Por todo lo expuesto, resulta imperioso mostrarles otra animación (¿menos industrial?, ¿más artesanal?) a los chicos que nos acompañan en la aventura cinéfilo-hogareña. Quizás éste sea el pequeño granito de arena que los adultos de hoy podamos aportar para evitar que los espectadores del mañana sean reducidos a un único (y triste) prototipo.