¡Sí señor!

¡Sí señor!Después de ver ¡Sí señor!, los espectadores memoriosos nos reconciliamos con aquel Peyton Reed que supo hacer algo digno con una propuesta teen tan anodina como Bring it on antes de trastabillar con las fallidas Abajo el amor y la aquí comentada Viviendo con mi ex. Esto no significa que la última comedia protagonizada por Jim Carrey sea un dechado de virtudes (nada más alejado de la realidad), pero -aún marcada por las taras hollywoodense- logra entretener.

Con buena voluntad, podemos aprender a distraernos con el humor de la gran industria cinematográfica. Es cuestión de, por un lado, ignorar su afán aleccionador (en este caso, las enseñanzas sobre la importancia de saber cuándo decir «sí» y cuándo «no») y, por el otro, hacerse a la idea de que (casi) ningún guión se distingue por su pretendida originalidad.

Desde el momento en que asistimos a una comedia protagonizada por Carrey, sabemos que el actor norteamericano nos retrotraerá al descubrimiento que hicimos cuando vimos La máscara. Por lo tanto, no deberíamos criticar las morisquetas exageradas de Carl Allen, parecidas a las de Charlie/Hank en Irene, yo y mi otro yo, a las de Fletcher Reede en Mentiroso, mentiroso, a las del tipo del cable en The cable guy y a las de Ace Ventura

Tampoco deberíamos protestar porque, una vez más, Carrey encarna a un personaje enfrentado a un experimento extraño. Así como en el film de Reed debe responder «sí» a todo, en Todopoderoso reemplaza a Dios; en la mencionada Mentiroso… un conjuro lo obliga a decir siempre la verdad; en The Truman show se convierte en conejito de indias televisivo, y en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos pide que manipulen su memoria.

En términos de comedia, pocas veces habremos visto a un Jim relativamente distinto. ¡Sí señor! está lejos de ser la excepción.

Sin embargo, esta producción no es del todo descartable. Por lo pronto, más allá de las taras de rigor y de ciertas malas actuaciones -por ejemplo, las de Bradley Cooper y Zooey Deschanel (dicho sea de paso, ¿esta muchacha no es demasiado joven para Carrey?)- Yes man llama la atención por la ocurrencia de la trama, sobre todo para quienes somos dueños de un no fácil.

Por otra parte, los defectos pasan un poco -un poco- desapercibidos cuando intervienen el ascendente John Higgins, el desconocido Rhys Darby, y el viejo Terence Stamp (cómo lo queremos al Gral. Zod).

¿Falta de espíritu crítico? ¿Resignación? Por algún motivo, ¡Sí señor! nos reconcilia con Peyton Reed y nos recuerda que, con buena voluntad, las comedias made in Hollywood no siempre provocan un absoluto sopor.