¡Un médico ahí!

Reseña redactada por Ana.
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Desde que comenzó la televisión, nunca faltaron policías y abogados. Los doctores, en cambio, fueron apareciendo lenta y progresivamente. Primero secundaron a los protagonistas (en westerns o series de guerra); después fueron los dueños de la trama (como en los principales dramas –a esta altura clásicos– ER, Strong medicine o Chicago Hope).

El encanto de los médicos televisivosEn un primer momento el médico era el más sabio, el universitario, el que había vivido en la gran ciudad (por ejemplo el Dr. Baker de La familia Ingalls o la Dra Quinn). Luego su figura perdió corrección política y se acercó más a la condición humana; de ahí el surgimiento de galenos malhumorados, mujeriegos, adictos, en suma, con problemas típicos de cualquier hijo de vecino (los Dr. Becker, Ross o Carter de ER y House son sólo algunos de los que caben en este esquema).

Aunque concentrados en el retrato de los personajes, los guiones no ignoran cuestiones de ética profesional (mala praxis, eutanasia, donación de órganos, aborto) y de política sanitaria/social (por ejemplo, el antagonismo entre atención pública y cobertura prepaga). Claro que, en muchos casos, estos temas se tratan con la liviandad que permite un capítulo de 45 minutos.

De todas formas, el mundo de doctores y enfermeras no es propiedad exclusiva del drama televisivo. Con el correr de las décadas, los sanatorios, consultorios, guardias, quirófanos también se convirtieron en escenario de irreverencias, malos entendidos y situaciones divertidas gracias a los guionistas de las series The Cosby show, Frasier y Scrubs entre otras.

En estos casos, la medicina sólo conforma el contexto, un dato más en la trama, y lo central pasa por la construcción de los personajes. Cliff Huxtable es un padre ejemplar; Frasier, un psiquiatra culto y refinado y JD, un juvenil (?) residente rodeado de un staff pintoresco en un hospital universitario.

Las series mencionadas tuvieron larga vida y aún hoy algunas continúan al aire. Sus realizadores nos contactaron con personajes queribles u odiados, con varios romances interhospitalarios y con enfermedades/accidentes complejos. Comprobado está que, en televisión, los doctores tienen el éxito asegurado.