El principito en el Planetario

Espectáculo auspiciado por el El Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Todavía hay tiempo para asistir a la adaptación teatral de El principito en el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires. La versión escrita por Marisé Monteiro, dirigida por Lía Jelín y producida por Carolina Uriarte (¡todas mujeres!) desembarcó hace tres meses en el Galileo Galilei y planea quedarse hasta noviembre por lo menos. Seguro, quienes vayan a verla sabrán apreciar el tino de elegir este espacio público para ambientar el libro más famoso de Antoine de Saint-Exupéry.

Se nota: éste es un trabajo hecho a pulmón. La precariedad (cuyas raíces son presumiblemente económicas) pasa desapercibida gracias a una puesta ocurrente que aprovecha los 360 grados del escenario, un techo que admite el despliegue de efectos computadorizados, las bondades de la goma pluma a la hora de humanizar a la serpiente, el zorro y las rosas.

También cabe mencionar las actuaciones de los poco conocidos Pablo Mariuzzi, Mariano Falcón, Guillermina Caro, Omar Calicchio y de los más mediáticos Raúl Lavié, Nicolás Scarpino, Roly Serrano, Roberto Carnaghi y Nicolás Pauls. En este plano cobra especial importancia el recurso audiovisual que permite la interacción entre los actores presentes en el escenario y aquéllos cuyos personajes aparecen proyectados en el cielo artificial.

Quizás el defecto más grande de esta adaptación tenga que ver con un descuido gramatical cuya responsabilidad no podemos determinar. ¿El hecho de que los personajes alternen entre el uso del «tú» y del «vos» es un desacierto del libreto o de los actores? ¿Cómo es que nadie corrige esta desprolijidad?

Para verlos, hay tiempo hasta noviembre.

Algunos espectadores también levantamos el dedo ante la caracterización del zorro. Quienes la imaginamos acorde a la anatomía verdadera y al perfil vulnerable que encontramos en el libro original nos desencantamos ante un animal corpulento. Desde este punto de vista, el disfraz confecciado por Andrés Giardello y Paula Rebagliati parece responder más a la fisionomía del lobo feroz de Caperucita roja que a la del zorro que pide ser domesticado.

Al margen de estos aspectos reprochables, El principito en el Planetario es una propuesta válida para chicos de todas las edades, aún cuando los más pequeños entiendan poco la fábula de Saint-Exupéry. El trabajo hecho a pulmón rinde sus frutos: cautiva la atención del público, y conmueve tanto a quienes conocemos la historia del niño proveniente del asteroide B 612 como a quienes la descubren por primera vez.