El (in)justificado prestigio de las ONG

Por Jorge Gómez
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En todo el mundo, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) gozan de mayor credibilidad que los organismos oficiales. De hecho, la población las percibe como entidades conformadas por abnegados voluntarios que luchan desinteresadamente por el bien común.

En nuestro país es relativamente simple armar una fundación, acceder a subsidios oficiales, organizar colectas y a partir de allí figurar como una voz autorizada en los medios de comunicación. A los responsables de estas entidades nadie les reclama la transparencia o la rendición de cuentas que sí se les pide –con justa razón– a los empleados públicos.

A continuación, dos ejemplos…

1) En junio pasado el desconocido y sospechado Ariel Umpiérrez accedió a diversos programas de televisión. Fue presentado como médico y dirigente de la ignota asociación Médicos sin Banderas, y figuró en todos los títulos, los almuerzos, las amables charlas. Su opinión pesó más que la de las autoridades de salud a las que acusó tranquilamente de mentirosas. 
 
Días después algunos comunicadores denunciaron la inconsistencia del “doctor”, por lo que Umpiérrez no volvió a ser escuchado. Suponemos que este personaje puede reaparecer en otra crisis, representando alguna ONG llamada «Médicos sin Remera», «Léxicos sin Fronteras», «México sin Maderas» o algún nombre similar, afin a su aparente estrategia de confundir, cobrar subsidios, conseguir prestigio y almorzar en lo de Mirtha.

Chiste que circula en la Web, de autor no especificado

2) En la misma línea, encontramos un debate bastante antiguo sobre la cantidad real de muertes producidas en accidentes de tránsito. Las cifras divergen según provengan de organismos oficiales o de aquéllos no gubernamentales vinculados al asunto.

En 2005 el periodista Raúl Kollman investigó el tema para Página/12, y demostró que no había estadísticas más serias que las del Ministerio de Justicia de la Nación (que señalaban 4011 fallecidos en todo 2004). También probó que las ONG que asustan con la tasa de «21 muertos por día» no muestran sus bases de datos, ni tienen forma de defender esos números. 

En marzo de 2008, Crítica de la Argentina publicó una nota («El negocio detrás de las cifras…”) cuyas fuentes están de acuerdo en que no existen estadísticas confiables, y en que muchas organizaciones “inflan” cantidades para obtener subsidios, vender libros, subir las pólizas de seguros, organizar cursos y mantener en marcha su propio negocio.

En julio pasado el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires informó que durante el primer semestre de 2009 el tránsito local mató a 37 personas mientras que, en el mismo período de 2008, murieron 74. Estos números no son compatibles con la propaganda de las ONG, y en cambio sí coinciden de manera bastante armónica con las estadísticas que manejan los organismos oficiales de todo el país.

En una nota que Clarín publicó el 6 de agosto, el Gobierno porteño defendió con argumentos serios sus estadísticas y acusó a los que hablan de “21 muertos por día” de estar interesados en vender avisos para sus revistas, y cursos de manejo y capacitación vial.

Tal vez debamos cuestionar la (in)justificada impunidad de la que suelen gozar estas empresas –algunas de ellas poderosas multinacionales– por su simple pertenencia al Tercer Sector.

Es cierto que los dos ejemplos mencionados no convierten a las ONG en bandas de pillos cazadores de subsidios, ni desmienten que algunas oficinas gubernamentales ejercen un accionar delictivo. Pero, en mi opinión, al menos deberían alertarnos sobre el peligro de conceder una mirada permisiva a entidades y personas que no conocemos, y que nadie controla.