La grasa de las capitales, a 30 años

Reseña redactada por Ariel.
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La portada del disco, parodia de GenteCharly García, ¿ídolo o qué?», se preguntaba la portada del disco que parodiaba de manera ácida la tapa de la revista Gente. La respuesta estaría por llegar, y una de las bandas pilares del rock nacional ayudaría a vislumbrarla.

Este año se cumplen treinta de la edición del segundo disco de Serú Girán, La grasa de las capitales. El grupo terminó de formarse en Brasil después de que el jovencísimo (pero bastante experimentado) Pedro Aznar y el baterista Oscar Moro se sumaran a las huestes del mencionado García y David Lebón. En 1978 tuvo lugar su debut discográfico.

Es sabido que aquella presentación no fue bien recibida ni por el público ni por la “crítica especializada”. Que “venían de Brasil” y que “no entendían nada de la realidad nacional, cosa que se reflejaba en sus canciones con vocablos inventados” fueron -palabras más palabras menos- algunos de los argumentos esgrimidos para descalificarlos.

Puede decirse que La grasa… es el disco más oscuro de los cuatro trabajos en estudio que realizaron los llamados “Beatles criollos”. En aquel entonces, el país sufría la etapa más sangrienta de la dictadura militar y eso se notaba en las letras del disco. Canciones ya emblemáticas como “Viernes 3 AM”, “Noche de perros”, “Los sobrevivientes” o “Paranoia y soledad” dejaban en claro que García y compañia tenían qué decir.

Canciones sufridas que ponían en juego tópicos existencialistas tan irritantes como la muerte, el desamparo, la no pertenencia y el desamor, y que se situaban en la otra punta de la propuesta musical que el grupo había presentado un año antes. Sus temas -en comparación con los arriba mencionados- pueden pecar de livianos o frívolos (condición que, de todas maneras, no les quita ningún mérito musical).

Pero dentro de los mensajes que pintaban una realidad pesimista puede encontrarse una «luz al final del túnel» en versos como «no estás solo si es que sabes que muy solo estás», como cantaba Lebón al final de «Noche de perros». Y que no quieren decir otra cosa que aceptar la realidad, por más dura que ésta sea, es el primer paso para modificarla.

Aunque no se encuentra en este álbum, sino en su sucesor Bicicleta, vale mencionar al excelente “Canción de Alicia en el país” que, para mí, resulta de una síntesis extraordinaria e insuperable sobre los “años de plomo” en los que estuvo sumida Argentina entre 1976 y 1983.

Además de la lírica, hay que subrayar la sincronización con la que funcionaban musicalmente los cuatro, cada uno en lo suyo.

Significativo por donde se lo mire (o mejor dicho, se lo escuche), La grasa de las capitales bien merece un homenaje y, por qué no, darle Play ahora mismo.

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Para los interesados, la revista La mano, que dirige Roberto Pettinato, les dedicó al disco y a su contexto nacional una completa e interesante cobertura.