Los porteños, según sus inodoros

Los porteños, según el estado de sus inodorosResulta interesante prestarle atención al comportamiento de los porteños (¿de los argentinos?) en los baños públicos, semi-públicos y compartidos. Por razones obvias, la autora de este post puede explayarse sobre los toilettes para mujeres, lugar que los hombres asocian a una suerte de «parada técnica» donde sus madres, hermanas, novias, esposas, amantes, amigas verifican el estado de su cabello, maquillaje, ropa, perfume. Algunos también lo imaginan como punto de encuentro donde las susodichas aprovechan para desahogar penas, descargar broncas, confesar intimidades y adelantar noticias bomba.

Las fantasías masculinas no son desacertadas pero, como buenas fantasías, excluyen/ignoran/niegan la parte más real del asunto. En este caso, la más desagradable, la más vergonzosa, la más inexcusable: la ¿dejadez?, ¿roña?, ¿falta de educación?, ¿falta de respeto al prójimo? de la(s) que hacen gala muchas congéneres porteñas (¿argentinas?).

Quienes ensucian los baños públicos, semi-públicos y compartidos se parecen a quienes adornan nuestras veredas con caquita perruna. Quizás se trate de las mismas personas, empecinadas en hacernos ver, oler, padecer lo que en principio nadie dejó ni olvidó y por lo tanto nadie sacará ni limpiará.

Pis, materia fecal, sangre, apósitos con resto de menstruación, pañales sucios, toallas descartables y papeles higiénicos desperdiciados y/o a medio usar…  Éstas son las huellas que dejan muchas señoras y señoritas tras pasar por el toilette de turno, sea un excusado químico (de ésos que habilitan en los recitales, aviones y micros de larga distancia), el WC de una confitería, restaurant, cine, museo, teatro, facultad o el baño de una empresa/oficina.

Los porteños (¿argentinos?) nos rasgamos las vestiduras porque los gobiernos de turno hacen poco y nada por liberarnos de la mugre y el hedor que se apoderan de la vía pública. Al mismo tiempo, ignoramos/olvidamos/ negamos que somos generadores de gran parte de esa mugre y ese hedor.

Por lo visto, el estado de los baños públicos, semi-públicos y compartidos son una muestra de nuestra propia (in)conducta. En honor a la verdad, las compatriotas preocupadas por tan bochornoso asunto sospechamos que el fenómeno no es mérito exclusivo de nuestro género.
 
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Aquí, otra tara de las porteñas (¿argentinas?).
Aquí, otra tara de los porteños (¿argentinos?).
Aquí, otra tara de los porteños/as (¿argentinos/as?) en su conjunto.