Nunca es tarde para amar

Nunca es tarde para armar es el título original.

Grande habrá sido el chasco que se llevaron quienes hace tres meses asistieron al estreno de Nunca es tarde para amar, creyendo que se asomarían a una historia de amor otoñal como ésta, ésta o ésta. La culpa es de los cráneos que eligieron un título tan desacertado para Wolke 9 (Nube 9 según la traducción internacional), película cuyo retrato pasional, carnal, erótico de la vejez tira por la borda la ilusión que provocan los cuentos de hadas protagonizados por personas mayores de edad.

El film co-escrito y dirigido por Andreas Dresen se atreve a plantear un triángulo amoroso entre dos hombres y una mujer que superaron la barrera de los sesenta/setenta años. De esta manera, la problemática que el cine suele endilgarles a personajes jóvenes (cuanto mucho cincuentones) adquiere una dimensión más profunda y conmovedora.

Miembros de una sociedad que oscila entre ignorar/subestimar/maltratar a los viejos e idealizarlos/edulcorarlos/infantilizarlos, rara vez concebimos a nuestros mayores como seres todavía pasionales, deseosos, sexuales.

Por eso las escenas de cama que Inge comparte con Karl y con Werner corren el riesgo de disgustar y escandalizar a los espíritus pacatos. Es posible que, entre ellos, algunos también consideren inverosímiles la decisión final de la protagonista y la reacción de su esposo.

El guión de Dresen y las actuaciones de Úrsula Werner, Horst Westphal y Horst Rehberg nos ofrecen la posibilidad de compenetrarnos con las ganas, los miedos, las broncas de quienes -en contra del estereotipo generalizado- no se limitan a añorar tiempos mejores, cuidar su salud, tener algún hobby y reunirse con la familia. Sin dudas, este largometraje alemán derriba varios prejuicios que muchos adultos tenemos en torno a la tercera o cuarta edad.

Más que una historia de amor protagonizada por mayores, Nunca es tarde para amar nos invita a espiar el comportamiento del alma humana cuando transita el último tramo de su existencia terrenal. La experiencia es a la vez enriquecedora y estremecedora para quienes somos concientes de que, en cuestión de años, nosotros también estaremos en ese lugar.