Soy leyenda

IamLegendTras estrenarse en la cartelera local a principios de 2008, Soy leyenda causó indignación entre los admiradores de la novela homónima que Richard Matheson escribió en 1954. El enojo suena lógico cuando descubrimos* cuán infiel es la adaptación que Mark Protosevich y Akiva Goldsman elaboraron para la película protagonizada por Will Smith. Incluso quienes no leímos el libro original podemos identificar los retoques típicos de Hollywood, y así solidarizarnos con el descontento de los fanáticos de la ciencia ficción.

Salvo por contadas excepciones, los relatos futuristas distan de ser el plato fuerte de la industria. La afirmación resulta arriesgada cuando, en realidad, el género es uno de los más explotados y redituables en términos de taquilla. Para evitar (o menguar) las discusiones bizantinas, cabe aclarar que los films basados o inspirados en obras literarias son los más problemáticos.

Y eso que Hollywood insiste… En el caso de Soy leyenda, existen una, dos versiones anteriores al tanque dirigido por Francis Lawrence y -ahora que es moda– ya está en marcha la producción de una precuela.

Lamentablemente las re-versiones repiten viejas taras. Por ejemplo, minimizan el subtexto crítico del pronóstico futurista (el guión de Protosevich y Goldsman se limita a señalar el origen bélico-científico de un virus apocalíptico); imponen un heroísmo con impronta castrense (el Robert Neville que encarna Smith es un científico militar brillante cuya rutina profesional, alimenticia, higiénica y atlética lo mantiene cuerdo; en cambio el que imaginó Matheson se emborracha regularmente por angustia, desesperación, depresión) y respetan a rajatabla la exigencia de un final feliz o al menos esperanzador (para tal fin, el rol co-protagónico femenino fue reducido a la mínima expresión).

El exceso de corrección política convierte a esta tercera adaptación cinematográfica en un trabajo casi impersonal, sujeto a los dictámenes de la gran maquinaria hollywoodense. Tanta «pasteurización» la despoja de las particularidades que podrían haberla diferenciado de otros relatos muy similares, por ejemplo de la saga Exterminio 1 y 2

Curiosamente (o no), Lawrence cometió faltas similares cuando filmó Constantine cuatro años atrás. De hecho, el traslado de Hellblazer a la pantalla grande también decepcionó a los seguidores de la historieta de DC Comics

Soy leyenda no será fiel a sus orígenes literarios pero sí acata los mandamientos de la maquinaria cinematográfica. Por eso termina entreteniendo gracias a los efectos especiales (sin dudas, lo mejor es la puesta en escena de una Nueva York despoblada) y a la alusión a una amenaza que, este año más que en 2008, hace mella en el contexto gripal-porcino actual.

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* Para redactar esta reseña tardía, quien suscribe se basó en la muy interesante comparación que Jorge Oscar Rossi estableció entre la novela de Matheson y la película de Lawrence. El análisis, aquí.