Medios en campaña

Por Jorge Gómez
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En muchos países los medios de comunicación hacen público su apoyo a un partido político o a un candidato antes de que se lleven a cabo elecciones importantes. Por ejemplo, en los recientes sufragios de los Estados Unidos, los grandes diarios fijaron y explicaron su posición en la contienda presidencial, y algunos desde las instancias primarias.

En nuestro país las empresas de comunicación y sus periodistas gustan de parecer neutrales, objetivos, discretos cronistas sin ideas políticas. Sin embargo, los grupos mediáticos están interviniendo en la campaña electoral argentina de la manera más intensa desde 1983. Aunque lo oculten, casi todos creen que en estas elecciones legislativas puede derrumbarse el modelo inaugurado en 2003 y por eso han desplegado un inusitado volumen de violencia destinado a evitar o provocar la caída.

Así, en La Nación o El Cronista nos enteramos de que estamos a merced de un grupo filo-socialista dispuesto a anular las libertades democráticas y a entregar la Argentina a la barbarie, salvo que en los comicios de pasado mañana triunfe la alianza de Francisco De Narváez y Mauricio Macri. En los últimos días esta posición ideológica, a la que adhieren muchos periodistas (Mariano Grondona, Joaquín Morales Solá), ha luchado denodadamente a favor de un “voto útil” que polarice la elección quitándole votos a la Coalición Cívica y con la idea de hacer crecer a Unión-Pro.

Para esta maniobra se difundió en tapa la única encuesta que da ganador a De Narváez, se dio una charla pedagógica en televisión y se publicaron decenas de portadas negativas para el oficialismo. Mientras tanto, el grupo de medios propiedad de Sergio Szpolsky (seguramente vinculado también al diario Crónica) participa activamente en la campaña oficialista atacando diariamente a De Narváez, de todas las maneras a su alcance.

Tampoco nos olvidamos del multimedios Clarín, de Radio Continental, del importante grupo español Prisa, de algunos periodistas alarmados por el supuesto sesgo dictatorial del kirchnerismo (Magdalena Ruiz Guiñazú, Pepe Eliaschev, Nelson Castro), de la Editorial Perfil y de una variada gama de comunicadores que llevan adelante lo que ellos consideran una batalla de las grandes mayorías de la Patria, oprimidas por la barbarie del populismo K.

La Nación y Crónica, dos exponentes de los medios en campaña

Desde Domingo Faustino Sarmiento, Mariano Moreno o José Hernández, los hombres de prensa han participado activamente en la vida del país. Nada hay más natural que el ingreso de los intelectuales a la actividad política, dando la cara con honestidad para defender sus ideas a la luz del día. El propio Roberto Noble, fundador de Clarín, reconocía haber lanzado su diario para luchar contra el naciente peronismo en 1945. Había sido diputado, y no tenía dificultades en reconocerse como hombre político que naturalmente ponía su pluma al servicio de sus ideas.

Sin embargo, en algún momento de nuestra Historia el periodismo vernáculo optó por ocultarse. Los profesionales que analizan e informan sobre la realidad nacional intentan mantener en secreto sus preferencias, su propia identidad política. Como cualquier identidad que se quiere ocultar, se termina viendo una imagen distorsionada por la tensión que provoca la mentira.

En síntesis, la hipótesis de este post es que el alto grado de violencia que traslucen las coberturas mediáticas sería inferior si los comunicadores  transparentaran su ideología y nos dijeran honestamente qué candidato o partido apoyan. Dicho de otro modo, si los periodistas que escriben sobre la competencia pre-electoral dejaran de ocultar sus propias preferencias como un delito, las campañas destilarían menos mentiras, menos maniobras oscuras y –en mi opinión– menos agresión.

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Importante
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